Empiezan dos y terminan dos

Cuando lo deseable es que terminen tres, pero rara vez es así. Un día se conocen. Empiezan a salir; dependiendo de los niveles de cursilería, se dedican canciones, se hacen regalitos, se prometen, salen de paseo, se enredan y cuando menos se dan cuenta, ya hay intercambio de diferente tipo de fluidos. Poco después, ella está embarazada. Con suerte seguirán juntos durante el embarazo y acaso en los primeros meses. En la siguiente escena volvemos a tener dos personajes: ella y él, el pequeñito; o ella y ella, la nena. Difícilmente podemos ver el trío más o menos estable.  O el trío terminan siendo la abuela, la madre y la criatura.

 

¿Cuántas familias con padre y madre estables (en el pleno sentido de la palabra) habrá en este país? Y la imagen o la presencia física de la figura paterna, por sí sola, no garantiza nada, a final de cuentas. De hecho en muchas ocasiones es el peor cáncer que se pueda tener: un enemigo en casa, una carga molesta, una amenaza potencial o un palpable peligro real en muchos sentidos.

 

Solo, todo es difícil. Frecuentemente veo madres solas que se apoyan en amigas, en su propia madre o en otros familiares para suplir lo que debería estar haciendo aquel meloso enamorado que prometía no separarse nunca de su lado porque sin ella no podía vivir, según decía tarareando las canciones lloronas del momento. Las madres solas deben buscar el sexo con discreción porque si no, quezque  andan de putitas dando mal ejemplo. Deben buscar el apoyo emocional de un hombre con cautela, porque si él no es padre, sale corriendo a la primera oportunidad o no entiende o sólo quiere sexo. Y  si lo es, ya lo ocupan en su casa.

 

Una corriente de terapia emocional dice que para entendernos debemos entender a nuestros ancestros, es decir, estudiar el árbol genealógico. Por lo menos en buena parte de América Latina eso es casi un chiste o una linda utopía. Poca gente debe de saber de su abuelita para atrás. Con tantas familias rotas, tanta promiscuidad, tantas violaciones silenciadas en las familias, tanto brincar y brincar de una relación a otra, de hacer hijos acá, hijos allá y tener décadas de inestabilidad laboral, precariedad, clandestinidad, informalidad, desinterés por contar con registros que vayan más allá de los planes sexenales, el análisis genealógico es para unos pocos. Decía una señora en el radio que halló unos papeles de cuando su abuelito  o bisabuelo hizo su doctorado en una ciudad de Estados Unidos. La masa de latinoamericanos no tenemos, al día de hoy, la preparatoria completa. Menos vamos a tener ancestros con doctorado o con una hoja de vida trascendente o que despierte algún interés.

 

Un caso: mi madre tenía el apellido de su madre porque no se sabía nada de su padre, pero mis hermanas tienen el apellido de mi abuelo porque mi madre ya de grande lo conoció, hicieron las paces y para indicar que todo estaba bien se puso el nombre de su padre. Pero este abuelo usaba un apellido que le gustaba cómo sonaba, no el real. De la mitad del siglo XX para atrás se cambiaban los nombres como si nada. Si hoy busco Montes de Ocas, seguro no tienen nada que ver conmigo ni con mi madre y menos con mi abuelo. Todo se pierde en la bruma del “quién sabe…”.

Cómo televisa introdujo a Peña Nieto

Desde 2005. 7 años de invertirle millones al “muñeco”. Evidentemente éste es mercancía. Y las televisoras y los empresarios que han aportado, no van a dejar que una mercancía a la que le han invertido tantísimo se les quede en el mostrador; cuando no sólo el mostrador, sino todo el centro comercial es suyo.

Conociendo estos antecedentes, es ingenuo pensar que este wey No será presidente.

Patas arriba

Eduardo Galeano ya lo tendrá registrado por ahí con mejores palabras: ¿cómo puede ser una de las grandes petroleras del mundo una empresa de un país que no tiene petróleo? O que tiene, pues, pero en cantidades ridículas: la española Repsol, la holandesa Shell o la británica British Petroleum.  ¿Cómo puede un país tan chiquitito que no tiene casi nada más que bonitos paisajes, relojes  y vacas, tener los mayores bancos del mundo, las máximas lavadoras de dinero del planeta y ser la casa de una empresa  que controla planetariamente casi todos los alimentos procesados que tienen que ver con los niños y la leche? O ¿por qué México no pertenece a la Organización de Países Exportadores de Petróleo, si está entre los diez con mayores reservas de este combustible en el mundo? Esta última pregunta es retórica y la respuesta corta: papá yanqui no nos deja ni dejará porque no le conviene. Las otras no son retóricas pero sí ingenuas como las de un niño que no sabe de dónde viene la carne de su hamburguesa o la longaniza de su taco.

Por parte del progresismo, hay gritos de júbilo alrededor de la nacionalización del petróleo argentino realizada recientemente por la Kirchner. Como dice el señor Lagartija y comparto, tan indefendible es el gobierno peronista de la dama como la voraz empresa española Repsol. Y a fin de cuentas, Argentina pasa a ser dueña del 51%, por lo que la nacionalización es un eufemismo o demagogia.

El mundo patas arriba es más una condición permanente que un pasajero accidente. Los pocos controlan a los muchos, los que no tienen nada a los que tienen todo. Ya lo dijo un personaje de Oscar Wilde en El joven rey: “nosotros sembramos el trigo y no tenemos pan en la mesa; nosotros pisamos las uvas y ellos se toman el vino”.

A favor de lo mejor

Ya les había mandado mensaje a los de A favor de lo mejor, diciéndoles que no me siguieran mandando mensajes de invitaciones a no sé qué ondas suyas, calendarios de actividades y similares. Me mandan recién una invitación más. Les contesté y me contestaron y acá pongo el intercambio:

Recomiendan ver esta pedorrez de la Cristiada los de A favor. ¿Recomendarían ellos El día de la Bestia o el Infierno?