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Archive for 9 junio 2006

>El negocio del agua embotellada en México

>En el plan de difundir los grilletes q nos ponen por todos lados, es el turno del del agua. Y ora sí q aguas…
Salud, por cierto.

Fuente:
Investigación y redacción Daniela Guzmán Centro de Análisis Social. Información y Formación Popular, A.C. Asturias 43, Col. Insurgentes -Mixcoac, México, D.F Tel. (55) 5563 8239, correo electrónico: casifop_ac@prodigy.net.mx

El agua es vida, es cierto, pero también un excelente negocio. Actualmente, el valor anual del mercado del agua embotellada a nivel mundial alcanza los 22 mil millones de dólares (unos 242 mil -millones de pesos). Esto significa que en e! mundo se envasan y se venden cada año alrededor de 113 mil millones de litros de agua, y que cada habitante de este planeta ingiere, en promedio 15 litros de agua embotellada anualmente. Además, vender agua embotellada es un negocio que continúa creciendo.

Cada año se comercializa un 7% más agua envasada que el año anterior. Es sin duda uno de los sectores más dinámicos de la economía, toda vez que crece a un ritmo del 12% anual, y se estima que lo siga haciendo a grandes pasos durante los próximos años. Como un reflejo de lo anterior, aprovechando la euforia mundial por tener una vida “más sana”, en algunos países ya se han establecido los primeros bares de agua, es decir, locales que no expenden algún tipo de bebida alcohólica, sino que solamente venden agua simple procedente de múltiples lugares del planeta. En términos generales, en el negocio del agua envasada se percibe 2 veces más dinero del que se recolecta por el abastecimiento de agua en las casas.

En México, por ejemplo, el mercado de agua envasada tiene un valor de 32 mil millones de pesos, mientras que los organismos operadores de agua encargados de suministrar este líquido en los domicilios urbanos de más de 20 ciudades en todo el país sólo consiguen recaudar 17 mi! millones de pesos. La tendencia es más o menos la misma en el valle de México, donde anualmente se venden 12 mil 700 millones de pesos por concepto de agua embotellada, mientras que la recaudación total por el agua que obtenemos de la llave asciende a 5 mil 500 millones de pesos. Desde luego, dejar de consumir agua de la llave para consumir agua embotellada tiene un fuerte costo sobre la economía familiar. Si quisiéramos llenar, por ejemplo, un tinaco de mil litros (como los que se encuentran en las azoteas de muchas casas) con agua de la llave, tendría un costo de 1.70 pesos en toda la República Mexicana, y de 2.50 pesos en el valle de México. Pero si llenáramos de agua embotellada el mismo tinaco, tendríamos que pagar aproximadamente, 2 mil 500 pesos.

¡El agua que compramos en envases puede llegar a costar mil veces más que el agua de los grifos! Pero, ¿por qué ha aumentado tanto el consumo de agua embotellada en el mundo y, particularmente en México? Esto no siempre ha sido así. Hace solo algunos años la gran mayoría de la población en nuestro país bebía y cocinaba sus alimentos con el agua que salía de la llave. ¿Qué es lo que ha cambiado?. ¿por qué el agua de la llave salía limpia y hoy no?, ¿Por qué hoy cada mexicano se ve obligado a consumir, en promedio, unos 157 litros de agua embotellada al año?, ¿Quién contamina el agua? Lejos de intentar justificar el consumo masivo de agua envasada, México se enfrenta a un hecho indiscutible: el agua que llega a nuestras casas es de mucho menor calidad que la que obtienen ciudadanos de otros países.

En un estudio reciente (marzo de 2003) titulado Informe mundial de desarrollo del agua”, en el que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) evaluó a 122 países de acuerdo con su calidad de agua, México ocupa el lugar 106, lo cual lo ubica como el peor país en América Latina en este sentido.

Es evidente que durante los últimos años hemos sido testigos de la degradación acelerada de la calidad del agua con la que lavamos la ropa, con la que nos bañamos y que, en definitiva, no podemos seguir bebiendo. Ante estas circunstancias. Todos hemos sido obligados a consumir agua envasada. Nos hemos convertido en compradores cautivos de agua embotellada y en esto el gobierno más que cómplice. La degradación de la calidad del agua proviene de la contaminación que las empresas capitalistas propician, sean agrícolas, automotrices, textiles, químicas, etc.

Este hecho es constantemente ocultado y disfrazado por el gobierno que insiste que es en primer lugar la agricultura (lo cual es cierto) y con ello le hecha toda la responsabilidad a los campesinos. Pero ¿Quién ha obligado a los campesinos a utilizar agroquímicos?, ¿Quién los produce? Y –por último-¿las grandes agroindustrias utilizan más o menos cantidad de estas sustancias que un campesino?

Por esta contaminación capitalista del agua, lo que anteriormente era un derecho de todos (recibir agua limpia en nuestras casas) ha pasado ha ser un excelente negocio de unas cuantas compañías transnacionales que controlan este mercado y, en menor medida, de las plantas purificadoras de agua que han proliferado por todos los barrios y colonias, así como de las empresas fabricantes de filtros de agua caseros.

Es importante tener en cuenta que pese a que en México existen unas tres mil marcas, son 4 grandes corporaciones, extranjeras todas ellas, las que hoy controlan la extracción, el envasado, la distribución y la venta de agua en México. Específicamente estamos hablando de Danone (con sus marcas Bonanfont, Pureza Aga y Evian); Nestlé (con las marcas Santa María, Nestlé Pure Life y Pureza Vital); Pepsi-Cola (con el agua Electropura) y Coca-Cola (con la marca Ciél).

Cada una de estas corporaciones invierte anualmente en millonarias campañas publicitarias principalmente en televisión, radio y revistas donde nos exhortan a consumir agua embotellada atrayendo nuestra atención con hermosos paisajes que en realidad pueden estar contrastando con el verdadero impacto ambiental infringiendo al planeta. Porque en medio de la euforia de llevar una vida sana y de la desconfianza del agua que es proveída por los sistemas públicos que suministran agua potable, el consumo de agua embotellada tiene importantes impactos ambientales.

Por un lado, para “producir” el agua embotellada las empresas pueden incurrir en excesos como la sobreexplotación de pozos y manantiales de donde obtienen su materia prima, lo cual puede incluso ser contraproducente para las comunidades en donde estas firmas tienen sus plantas embotelladoras. También se deben considerar los gastos en energía eléctrica para la refri-geración del agua, y la contaminación generada por la producción y el desecho de miles de millones de envases de plástico que se usan anualmente para este propósito y que nunca llegan a reciclarse.

Además, la publicidad que nos exhorta a beber agua en envases en grandes cantidades, se ha conjugado con la Idea de que es la única fuente de agua saludable a la que podemos acceder. Que no existe otra opción. Lo cual es, sin duda, totalmente falso.

En primer lugar; el agua embotellada no es sinónimo de limpieza. Mucha delagua que se comercializa en botellas suele ser agua de la llave que es filtrada o purificada mediante un proceso relativamente simple que, por cierto, no siempre es supervisado satisfactoriamente por las autoridades correspondientes. En estas circunstancias, el agua envasada no es tan confiable como la mayoría de la gente acostumbra pensar.

Y en segundo lugar, definitivamente sí existe una opción distinta: exigir al gobierno federal y a loa gobiernos estatales y locales, que nos brinden un servicio de abastecimiento de agua potable digno y confiable, que sea proporcionado por organismos públicos, en el que esté garantizada la propiedad pública del agua y en donde se establezca una continua supervisión por parte de las comunidades. Recordemos que el mejor filtro da agua que existe es la propia comunidad.

CUATRO PASOS PARA PERDER EL CONTROL DEL AGUA DE TU
COMUNIDAD

Paso 1. La Conafor está tratando de instrumentar un programa muy atractivo en las comunidades campesinas de nuestro país. Aprovechando el auge que está teniendo el mercado del agua embotellada, están realizando una campaña de promoción para que las comunidades que cuentan con reservas de agua, se conviertan en empresario, adquieran maquinaria, envasen el agua y la distribuyan en sus respectivos mercados regionales.

Paso 2. Aparentemente el plan es bueno. El problema llega cuando el costo al que las comunidades venden su agua no puede competir con el precio al que venden el agua Nestlé, Danone, Pepsi-Cola o Coca-Cola. Es entonces cuando las incipientes empresas de las comunidades quiebran y el negocio fracasa.

Paso 3. Para enfrentar esta eventualidad, el gobierno federal ha diseñado otro “brillante” plan que consiste en reunir todas las empresas de las comunidades de una región específica del país en una sola, decir, en una integradora que se convertiría así en una compañía de mayores dimensiones.

Paso 4. Debido a que es muy difícil tener; éxito en un negocio claramente dominado por cuatro grandes empresas trasnacional, lo más probable es que esta integradora : también quiebre. ¿Y a quién podría interesarle comprar una empresa en bancarrota? Ni más ni menos que a esas mismas grandes empresas transnacionales. Por consiguiente, lo que el gobierno federal estaría haciendo sería prepararle el terreno a estas corporaciones para que se apropien, en una sola compra, de las reservas de agua de las comunidades de México. El agua en México es un bien nacional, las comunidades no pueden por ley venderla, pero el Estado…

OTRO CASO CURÍOSO

México es el país que más refrescos consume por habitante en el rnundo. Ingerir alimentos y bebidas con altos contenidos de azúcar (incluyendo los refrescos) es una de las principales cau- sas que provocan problemas a la salud: como la diabetes. Una persona que padece esta enfermedad siente una sed permanente , por lo que debe mitigarla bebiendo agua. Como el agua de la llave esta contaminada, debe comprar agua envasada y así se cierra el círculo de las compañías fabricantes de los refrescos (como Coca-Cola y Pepsi-Cola) que producen la diabetes en determinadas personas, también venden el agua que alivia la sed de esos mismos enfermos. ¡Todo un verdadero negocio!

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>Saqueo cultural de Latinoamérica

>Va un mensaje recibido recientemente. Para profundizar, se recomienda Las venas abiertas de América Latina. México: Siglo XXI

Saqueo cultural de Latinoamérica

por Fernando Báez
para La Nación, Argentina
http://www.lanacion.com.ar/775915
Domingo 29 de enero de 2006
Publicado en la ed. impresa: Suplemento Cultura

Desde la conquista, la rapiña de los tesoros de arte y la destrucción de escritos han causado un daño irreparable para la memoria de millones de seres

Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serán creadas por los críticos modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades.
Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 1815

Desde hace quinientos años, América Latina ha sido sometida al pillaje más despiadado de la historia: sus veintidós millones de kilómetros cuadrados han sufrido el expolio y la destrucción de la mayor parte de sus recursos. Por turnos, se han llevado y se siguen llevando el oro, la plata, el cobre, el carbón, el aluminio, el hierro, el gas y el petróleo. En el Códice Florentino, a propósito de la devastación de la capital azteca de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortes, se comentaba sobre los españoles del siglo XVI: “como unos puercos hambrientos ansían el oro”. Cuando los conquistadores españoles desembarcaron en México, España empezaba a existir como nación tras el genocidio y expulsión de moros y judíos. Se ha calculado que España extrajo de América latina cuarenta millones de pesos hasta 1560, que equivaldrían a quinientas toneladas de oro. El caso es que, como recuerda Joseph Fontana (“La crisis colonial del antiguo régimen español”), en 1785 el conde de Aranda le pedía al conde de Florida blanca exprimir al máximo a las colonias del Nuevo Mundo, y esto se cumplió a medias porque en el saqueo comercial también participaron ingleses, italianos, franceses, alemanes, portugueses y holandeses.

Desde la Época colonial, las plantaciones se convirtieron en un instrumento para someter las economías locales y obtener productos a bajos precios por el uso de esclavos. Para dar una idea de las ganancias, vale la pena comentar que Inglaterra financió sus guerras contra Napoleón Bonaparte sólo con un diez por ciento de los altos ingresos obtenidos por sus plantaciones de azúcar. Lo cierto es que la política frenética de arrasar los bosques y malgastar la fertilidad de los suelos durante siglos tuvo su costo ecológico porque, a la par de la actividad minera, destruyeron sin remedio la biodiversidad de la región en un cuarenta y siete por ciento. En Brasil, la explotación de azúcar y caucho arruinó millares de hectáreas; en Argentina y Paraguay, los bosques de quebrado fueron devastados; en Venezuela, las plantaciones de cacao sólo dejaron ruina a su paso; en Colombia, el café fue la principal causa de extinción de tierras cultivables y esta tragedia se repitió en Centroamérica con la fruta. Las ganancias de estas plantaciones no contribuyeron al desarrollo de los países donde se encontraban.

Durante la época de la Conquista, unos pocos miles de soldados españoles exterminaron casi totalmente a una población de cien millones de indios.
Hoy sólo quedan veintiseis millones. En Santo Domingo, por ejemplo, la población nativa, que inicialmente contaba con casi cuatro millones de personas en 1496, en 1570 era apenas de ciento veinticinco mil seres humanos. En México, los veinticinco millones de habitantes se transformaron en un millón entre 1519 y 1605. En el Perú, seis millones de indígenas llegaron a ser un millón entre 1532 y 1628. Contra esta masacre se pronunciaron los mismos españoles, como lo demuestra el sermón “Una voz que clama en el desierto” del dominico Antonio de Montesinos, quien en 1511 se atrevía a deslegitimar la conquista: “Decid, ¿con que derecho y con que justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con que autoridad habeís hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacificas?” Fray Bartolomé de Las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, se quejaba en su momento: “Porque son tantos y tales los estragos y crueldades, matanzas y destrucciones…” Según plantea el ensayista Tzvetan Todorov en La conquista de América.

La cuestión del otro (Siglo XXI), el genocidio contra los indígenas fue mayor al sufrido por los judíos en el siglo XX. Sólo las enfermedades epidémicas traídas por los soldados provocaron quince millones de muertes. Hubo otro genocidio que fue el de los esclavos traídos desde África: entre cinco y seis millones murieron en el viaje por mar y un número superior falleció en las minas o por maltratos.

A partir del siglo XVI, Latinoamérica, que subsidió a las grandes potencias por turnos con la complicidad de clases dirigentes dóciles y corrompidas, ha sido una vasta fabrica de pobreza y de hambre: entre 1600 y 1800 solo un dos por ciento de la población poseía la riqueza; para el 2005 hay quinientos cuarenta millones de habitantes, pero doscientos veintidós millones de pobres, de los que ochenta y ocho millones son indigentes. Cada año mueren doscientos mil niños de hambre. Hay ochenta por ciento de pobreza en los sectores indígenas. El diez por ciento de la población total vive con menos de un dólar al día.

La destrucción de América latina, sin embargo, afecta también a los sectores culturales: la memoria histórica fue objeto de manipulación, fuego, robo y censura. El proceso fue lento y sistemático, feroz e implacable: hoy sabemos que el sesenta por ciento de toda la memoria escrita de la región desapareció. Un cincuenta por ciento por destrucción premeditada y un diez por ciento por desidia. Más de quinientas lenguas se extinguieron para siempre.

Acaso la destruccion de la memoria histórica latinoamericana comienza con el ataque de los conquistadores españoles en Tenochtitlan en 1521.
Bernal Díaz del Castillo relata en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España: “Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan afuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, collares de los dioses, las lunetas de la nariz, hechas de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro. Inmediatamente fue desprendido de todos los escudos el oro lo mismo que de todas las insignias. Y luego hicieron una gran bola de oro, y dieron fuego, encendieron, prendieron llama a todo lo que restaba, por valioso que fuera: con lo cual todo ardió”. Los frailes Fray Juan de Zumárraga y Diego de Landa se encargaron luego de hacer desaparecer el noventa por ciento de los códices mayas.

En 1532, Francisco Pizarro, un eminente conquistador analfabeto, sometió a Atahualpa y le pidió un rescate. Con ingenuidad, el Emperador de los Incas le entregó cientos de objetos que luego fueron fundidos en 6080 kilos de oro y 11872 kilos de plata. De esta forma se aniquilaron obras de arte valiosísimas. Posteriormente, las tropas españolas acudieron al Templo del Sol en Cuzco y arrasaron con todo lo que encontraron a su paso y las esculturas de oro las fundieron sin misericordia.

Este memoricidio, cometido en la Época del humanismo clásico, avalado por los mejores pensadores europeos, fue premeditado: los distintos proyectos imperiales transculturizaron por igual a indígenas y africanos para someterlos con una derrota total. Como bien se sabe, ningún imperio puede sostenerse solo por la fuerza de las armas o de un modelo económico y político, se requiere la imposición de valores culturales y la practica de la damnatio memoriae sobre los pueblos vencidos. Dado que la memoria es el vínculo más importante de la identidad nacional, es el primero en ser amenazado o atacado.

Entre el siglo XVI y el siglo XXI, bibliotecas, archivos, ediciones crónicas, piezas de arte prehispánico o colonial y de la etapa modernista y surrealista fueron arrasados, olvidados o expoliados. Decenas de bibliotecarios y archivistas fueron asesinados desde México hasta Tierra del Fuego, lo que convierte a estos oficios en los oficios más riesgosos del continente después del relativo a los periodistas y sacerdotes.
Durante las dictaduras de las décadas de los sesenta y ochenta, numerosas editoriales fueron victimas de ataques violentos y miles de escritores fueron asesinados o exiliados. En los actuales momentos, están desapareciendo miles de libros del siglo XIX debido a la falta de presupuesto para su restauración y conservación. El cincuenta por ciento de las bibliotecas latinoamericanas soporta abandono y desidia, y lo mismo pasa con los archivos.

Otro grave problema heredado es el tráfico ilícito de obras de arte y de objetos arqueológicos: aumenta sin medida por la demanda de compradores inescrupulosos interesados en piezas fundamentales de las culturas precolombinas. Se tiene certeza de que el ochenta por ciento de los asentamientos arqueológicos de la península de Yucatán han sido saqueados. En su búsqueda, los saqueadores han destruido monumentos y tumbas en Ecuador, Colombia, México, Belice, Guatemala y Honduras. Cada asentamiento recuerda un paisaje lunar. En Amazonas, roban urnas amazónicas; en Costa Rica y Panamá trafican con Águilas colgantes de oro. No hay un solo museo arqueológico que no haya sido robado. En el
Museo Carlos Zevallos Menéndez de Guayaquil, una banda disimula el robo de mascaras Tumaco-Tolita con un incendio en el edifico que arruina cientos de obras. Los denominados huaqueros, en su afán por conseguir cerámicas del periodo Moche, Keros incas o remos labrados Chimá y Chincha, han provocado un saqueo total en Perú con el silencio de las autoridades.

Esta es la realidad. Los historiadores resaltan con vergüenza la quema de libros en Alemania durante la Época nazi, condenan la destruccion de la cultura de los bosnios a manos de los serbios, pero ignoran la quema de los códices aztecas a manos de religiosos cristianos españoles. Quiero manifestar aquí que cuando visite México en 2004 para asistir a la presentación de una edición de mi obra Historia universal de la destruccion de los libros, intento rastrear con mejores documentos la eliminación de los escritos mayas y fue bien poco lo que pude encontrar.
Hay un silencio letal sobre este asunto, que a veces se traduce en un artículo emocional; jamás en un estudio detallado que compile todos los bienes culturales latinoamericanos desaparecidos o destruidos hasta la fecha.

En verdad, creo que a pesar de los esfuerzos evidentes por entender el pasado desde una perspectiva más plural, los latinoamericanos todavía sentimos vértigo a la hora de examinar nuestra historia.

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