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La piel que habito. Almodóvar (España, 2011)

El logro de esta ficción científica, como la llamarían algunos críticos, se debe a dos creadores: la película está basada en la novela Tarántula, de Thierry Jonquet, a quien desafortunadamente desconozco completamente; quien la lleva al cine es Almodóvar. Algo de lo que ha caracterizado a este último es que tal vez sea uno de los directores que mejor sabe y logra meterse en los misteriosos recovecos de los sentimientos de las mujeres. Esto último me lo ha dicho una que encuentra guiños muy femeninos en las tramas, las tomas y las escenas de este director.

Aquí pasa un poco como con Abre los ojos (Amenábar, España, 1997): ya avanzado el primer cuarto de la cinta se va uno dando cuenta de que algo se empieza a poner extraño. El inicio no tiene nada de extraordinario, pero el efecto es in crescendo; lo convencional se tuerce y ya no hay vuelta atrás. Si el joven Dr. Víctor Frankenstein creó, se asustó y salió despavorido, dejando a su suerte a la patética criatura, a la que tenía tremenda aversión, , en este filme el encumbrado Dr. Robert Ledgard crea una nueva criatura de la que fatalmente termina enganchado. Con el cuerpo del presunto atacante de su hija, quien fallece poco tiempo después y como consecuencia indirecta de ese intento de ataque sexual, recrea a su difunta mujer, a quien arrancó de la muerte cuando ésta quedó atrapada en un accidente automovilístico mientras regresaba de engañarlo justamente con su cuñado, el descarriado hermano de Ledgard.

La transformación del joven Vicente a base de cirugías y  de implantes de una innovadora piel cultivada por Ledgard en la irresistible Vera es tan progresiva como inquietante. La inusual venganza de uno de los cirujanos más renombrados del mundo deriva en una obsesión que acabará por consumirlo. Seis años de encierro logran una completa transformación en la joven víctima; y por momentos parece que el cambio no es sólo  físico.

A esta ficción suspenso Almodóvar agrega sellos personales, en los que una muestra en el microscopio pasa a ser un paisaje abstracto que por un instante es la cortinilla que da paso a la siguiente escena.

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