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Archive for 15 mayo 2012

Empiezan dos y terminan dos

Cuando lo deseable es que terminen tres, pero rara vez es así. Un día se conocen. Empiezan a salir; dependiendo de los niveles de cursilería, se dedican canciones, se hacen regalitos, se prometen, salen de paseo, se enredan y cuando menos se dan cuenta, ya hay intercambio de diferente tipo de fluidos. Poco después, ella está embarazada. Con suerte seguirán juntos durante el embarazo y acaso en los primeros meses. En la siguiente escena volvemos a tener dos personajes: ella y él, el pequeñito; o ella y ella, la nena. Difícilmente podemos ver el trío más o menos estable.  O el trío terminan siendo la abuela, la madre y la criatura.

 

¿Cuántas familias con padre y madre estables (en el pleno sentido de la palabra) habrá en este país? Y la imagen o la presencia física de la figura paterna, por sí sola, no garantiza nada, a final de cuentas. De hecho en muchas ocasiones es el peor cáncer que se pueda tener: un enemigo en casa, una carga molesta, una amenaza potencial o un palpable peligro real en muchos sentidos.

 

Solo, todo es difícil. Frecuentemente veo madres solas que se apoyan en amigas, en su propia madre o en otros familiares para suplir lo que debería estar haciendo aquel meloso enamorado que prometía no separarse nunca de su lado porque sin ella no podía vivir, según decía tarareando las canciones lloronas del momento. Las madres solas deben buscar el sexo con discreción porque si no, quezque  andan de putitas dando mal ejemplo. Deben buscar el apoyo emocional de un hombre con cautela, porque si él no es padre, sale corriendo a la primera oportunidad o no entiende o sólo quiere sexo. Y  si lo es, ya lo ocupan en su casa.

 

Una corriente de terapia emocional dice que para entendernos debemos entender a nuestros ancestros, es decir, estudiar el árbol genealógico. Por lo menos en buena parte de América Latina eso es casi un chiste o una linda utopía. Poca gente debe de saber de su abuelita para atrás. Con tantas familias rotas, tanta promiscuidad, tantas violaciones silenciadas en las familias, tanto brincar y brincar de una relación a otra, de hacer hijos acá, hijos allá y tener décadas de inestabilidad laboral, precariedad, clandestinidad, informalidad, desinterés por contar con registros que vayan más allá de los planes sexenales, el análisis genealógico es para unos pocos. Decía una señora en el radio que halló unos papeles de cuando su abuelito  o bisabuelo hizo su doctorado en una ciudad de Estados Unidos. La masa de latinoamericanos no tenemos, al día de hoy, la preparatoria completa. Menos vamos a tener ancestros con doctorado o con una hoja de vida trascendente o que despierte algún interés.

 

Un caso: mi madre tenía el apellido de su madre porque no se sabía nada de su padre, pero mis hermanas tienen el apellido de mi abuelo porque mi madre ya de grande lo conoció, hicieron las paces y para indicar que todo estaba bien se puso el nombre de su padre. Pero este abuelo usaba un apellido que le gustaba cómo sonaba, no el real. De la mitad del siglo XX para atrás se cambiaban los nombres como si nada. Si hoy busco Montes de Ocas, seguro no tienen nada que ver conmigo ni con mi madre y menos con mi abuelo. Todo se pierde en la bruma del “quién sabe…”.

Categorías:México, sociedad Etiquetas:
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