Archivo

Archive for 26 junio 2012

Transporte en la zona noreste de la ciudad

De los metros Zaragoza y Pantitlán salen hacia el Estado de México centenas de unidades de transporte público de pasajeros que hace varios años o décadas dejaron atrás su vida útil. Hoy, sin exagerar, son carcasas incontrolables: no las controlan ni el chofer, ni la Secretaría de Transporte y Vialidad, ni las autoridades de transporte del EdoMéx  ni la gravedad, porque ya se caen de viejas. Son camiones, micros y peseras o combis. Muchos, especialmente los camiones, ya ni placas muestran, o las traen de cualquier estado de la Unión Americana o de adorno con alguna frase como El Chido, o similar. Sistemáticamente se pasan los altos; en Pantitlán entran en sentido contrario por donde les place, hacen pseudo bases, dan vueltas desde el carril del extremo opuesto y juntos, camiones, combis y microbuses, reúnen un interminable catálogo de anomalías, faltas, violaciones, infracciones y acciones que no parece que vayan a terminar nunca.

Es un secreto a voces que las autoridades se benefician directamente de las cuotas de los concesionarios; que las mafias del transporte son la caja chica (y no tanto) de las administraciones y que son ariete político para usarse a conveniencia según los tiempos y las necesidades. Las administraciones llegan, se sirven, corren y el problema se queda, cada vez más gordo y deforme. En una ciudad que busca una posición entre las más visitadas o vistosas del mundo, tenemos un transporte público con décadas de atraso y con una administración del mismo abiertamente copada por la corrupción. Hay avances en el transporte público en las zonas céntricas de la capital, pero las orillas, como el noreste, especialmente la colindancia con el Estado de México, están muy al margen de esos avances. Impera la ley de los concesionarios del transporte público; especialmente de los que van hacia municipios del Estado de México, pero circulan por el DF y usan los paraderos Pantitlán y Zaragoza.

La tarifa de una de estas unidades es mayor (siete pesos el trayecto de hasta 5km) a la de un transporte que se supone que es caro, como el metrobús. Y el servicio dista mucho entre ambos tipos de transporte, pese a que el de este último podría ser mucho mejor. Los paraderos, como Pantitlán y Zaragoza, son concentraciones de smog, de unidades chatarra, de pseudo paraderos y de comercios de comida que aportan fuertes cantidades de mugre a la que de por sí emiten las unidades: agua de trastes con grasa, agua con desperdicios de comida, aceite quemado, basura desbordada y demás desechos. La desgastada infraestructura, evidentemente rebasada e insuficiente, propicia rincones oscuros y zonas aisladas en las que fácilmente  se delinque; desde robos hasta agresiones sexuales.

El Sistema de Transporte Colectivo no se responsabiliza de lo que está más allá del último escalón de las salidas del metro. El Gobierno del DF no se hace cargo de lo que está alrededor del metro. La ubicación del paradero facilita que Iztacalco y Venustiano Carranza se deslinden y argumenten que es territorio de una u otra delegación. Es un territorio de nadie tomado por líderes de comerciantes, de concesionarios del transporte y por los criminales que acechan todos los días y a todas horas.

Se sabe de planes para renovar los paraderos y sustituir las unidades que se sirven de ellos desde mediados de la década que acabamos de dejar atrás, pero hasta la fecha no hay ningún avance real a la vista.

 

Ninguna de estas unidades porta placas ni por delante ni por atrás. Emiten chorros de humo y es ingenuo imaginar que les hacen verificación de emisiones.

Anuncios
Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

A %d blogueros les gusta esto: