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Las paradojas de la crítica/protesta

Parece que hay una rama de la crítica social que analiza las paradojas de criticar sin soltar lo criticado. Paco Ignacio Taibo II critica y arenga contra el sistema sin soltar la Coca de lata. Como él, casi todos, aunque a primera vista parezca que no. Amplias mayorías de simpatizantes del anti capitalismo son frecuentes consumidores de muchos litros de bebidas alcohólicas industrializadas producidas por un puñado de familias plenamente ligadas al sistema de producción y dominación capitalista. Muchos también fuman, y en este país todo lo que se puede fumar socialmente aceptado está igualmente controlado por unas pocas familias. O bien, consumen con regularidad drogas blandas y duras, cuya procedencia (salvo raros casos de cultivos caseros, por ejemplo) alimenta al sistema de criminalidad que a su vez está felizmente casado con los sistemas de dominación social y capitalista controlados por mafias de cuello blanco o de bota vaquera.  La lista puede crecer y ser tan purista y exagerada hasta llegar al uso del celular, de tenis de marca, al consumo de galletas marías o algo por el estilo.

Me parece que dentro del sistema capitalista en el que vivimos es inevitable que en diferentes momentos entre levantarse de la cama y volver a ella en la noche, contribuyamos a alimentar al sistema de una u otra manera, aun contra nuestra voluntad. Saliendo del purismo y regresando a la mesura, podemos encontrar que efectivamente hay niveles de consumo y niveles de convicción para restringir o no la cantidad de cacahuates que le aventamos todos los días a la gran bestia.

El otro día, comentando sobre los niveles de agitación social que se están viviendo en el país, me decían que mientras la gente más o menos afín ideológicamente a la crítica y el disenso del oficialismo (otros dirían “la banda”) siga consumiendo masivamente productos evidentemente prescindibles (cigarros, bebidas alcohólicas de marca en diferentes presentaciones, marihuana, coca, piedra, preparados químicos traficables y similares), nada va a cambiar ni mucho menos a fisurar aunque sea tantito al sistema.  Puede haber muchas manifestaciones artísticas de oposición, pero no van a mellar en nada a nada ni nadie mientras tengamos en la otra mano lo que de buena voluntad le compramos al mismo sistema.

Por otro lado, nada garantiza que no consumir estos productos lleve  a lograr avances en la lucha antisistema. Así, quedamos atrapados en la paradoja de protestar y criticar sin dejar de abonar a lo que criticamos. ¿En qué momento podemos romper esta espiral de manera efectiva?

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