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El romance y la culpa (Koi no Tsumi. Japón, Sion Sono, 2011)

Un crimen ominoso y mujeres desaparecidas abren la historia. lIzumi, una anodina (y muy atractiva), casi invisible  ama de casa, vive ninguneada en el tedio, casada con un afamado escritor de novelas apasionadas. Del otro lado de la historia está Mitsuko, profesora de literatura en una universidad de postín, quien por las noches deja el portafolios para transformarse en una insaciable prostituta salvaje.

El ama de casa entra en un nada lento proceso de transformación. Deja la mustia abnegación y pasa accidental y rápidamente a ser una asidua al sexo. Desea y respeta a su marido, pero él es sólo como un accesorio de la casa que entra a las 9pm y se va al día siguiente a las 7am sin apenas mirarla y monótonamente puntual. Esa monotonía hogareña de pulcritud de museo empieza a trocarse por agitadas  experiencias cuando ella descubre sus potenciales en la cama.

Por su parte, la impulsiva y apasionada Mitsuko vive lo que recita. Equilibra las formas académicas con un espíritu desinhibido, oscuro y transgresor apenas sale del campus o cruza la puerta de los sanitarios.  Como los vampiros literarios, es culta y procaz. Ella y un proxeneta  de  pesadilla como sacado de una cruza de pequeño Alex con yacuza lunático son parte del Tokio lóbrego de zona roja, donde todos los gatos son pardos, pero cada cual debe pagar si quiere pasarse un buen rato. Y parece que cobrar por un palo es más bien una confirmación del asco que los espíritus libres (o desquiciados, como se los quiera interpretar), sienten hacia la sociedad hipócrita que sólo se desnuda en la oscuridad y con la cartera en la mano para comprar complicidad.

La historia va sin frenos,  en precipicio y sin nada parecido a un cinturón de seguridad o el más insignificante asidero a la mano.  Un poema se mete como mantra y acompaña alienaciones vertiginosas de ambas mujeres. La voluptuosidad remueve y arrasa con todos: el recto escritor no es ajeno a pagar por sexo y saciar manías; la anciana madre de la profesora conoce al detalle lo que su hija viene haciendo desde jovencita a causa de y con su propio padre finado, el hombre que la instruyó en las mayores bajezas, a decir de la socarrona anciana para quien la muerte de su hija sería lo mejor que podría pasarles a ambas. Todos juntos llegan al desfiladero y cada cual enfrenta y encuentra su caída libre.

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