Inicio > Cine > Tabú y Leviathan

Tabú y Leviathan

Dos de las mejores películas que he visto en lo que va del año. Tristemente, dos de las peores funciones a las que he asistido en mucho tiempo: gente farfullando, chacoteando, pujando risitas idiotas no por la película, sino por lo que cuchichean con quien o quienes van. Peor: golpeteo en la parte trasera del asiento por parte de un imbécil que, a más de media película, no acaba de acomodar su inconsciente culo en la butaca.

Hubo colmos. En Tabú, la narración del hombre en off se construye con los silencios del pasado. Cuando lo invoca, los involucrados no hablan, el pasado es mudo, es imagen y recuerdo con ausencia de voces, con silencios elocuentes. ¡Pero cómo lo echaban a perder los idiotas de atrás con su güiri güiri, cuchicheos y risitas idiotas. Era una pareja cuarentona o así. Si la gente quiere chacharear no debería meterse al cine a ver una película que demanda una participación silente del espectador,  un mínimo estarse quieto para no arruinar la proyección a los demás que estamos en la sala.

En Leviathan, delante de nosotros, una pareja de abuelos. Desde que se sentaron no dejaron de parlotear; por lo bajo, pero no porque quisieran, sino porque sus cascadas voces cavernosas ya no daban para más, que si no, seguro chillan más fuerte. No hay diálogos. Eso a la gente le desesperaba. Media sala, no sólo los viejos, estaba chachareando. Otra vez risitas idiotas de grupitos idiotas de chamaquitos idiotas que se metieron a ver una película de la que no tenían ni la remota puta idea de qué trataba. Y qué bueno ir a ver sin saber, pero ir a ver, para no dejar ver, es con ganas de joder a los demás. El vejete de adelante se desesperaba tanto, el pobre, que en un momento en el que un hombre se está quedando dormido frente a la tele, no aguantó más y le gritó al actor que hiciera algo. Lluvia de shhhhhhhhs, pero sin mucho efecto. Qué diferentes concepciones de “ver una película”. Para este desesperado anciano era necesario que “algo” pasara. No concebía que una persona “estuviera”, quería que “hiciera”.  Frente a sí tenía un inmenso barco pesquero cruzando el mar, con micrófonos y cámaras en posiciones que tal vez sólo las aves y los habitantes del mar consiguen. Estrépitos, sonidos envolventes, imágenes de inmersión, hipnotizantes y agobiantes. Y el cabrón ruco esperando que “pasara” algo.

De atrás gritaron váyanse a ver supermán. Cuando se oyó que devuelvan las entradas, solté pues ve a pedirlas, hijo, y allá te quedas.

Qué lamentable ir a ver dos peliculones con la mejor de las compañías (de persona, o sea con quien iba, no de Compañía, S.A., etc.) y toparse con público palomero, formado en un cine taquillero, padre y re chidote.

 

 

Anuncios
Categorías:Cine Etiquetas: ,
  1. Cosme Fulanito
    julio 23, 2013 en 3:11 pm

    Siempre! siempre es un placer leerlo. Es usted un escritor y pensador re chidote

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

A %d blogueros les gusta esto: