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Chavorruco

Este video del Chavo ruco le regaló una nueva palabra a mi humilde léxico. Es una etiqueta que funciona en varios niveles. Creo que la pareja de vecinos del piso de abajo encaja perfectamente. Me parece que la chavorruquez no radica en la edad, pese al vocablo, sino en la actitud, el humor y otros factores, como el aguante. El macho de la pareja referida, casi puedo asegurarlo, está muy cerca de mi edad, que ya estoy limpiándome los pies para entrar en los cuarentas. Otros compas que ya están en esta icónica década no actúan muy diferente: reventón, vaciar y vaciar botellas, cajetillas, paquetitos de lo que venga y pernoctar donde sea. Vente, dicen, vamos a reventar a una fiesta a tal lado, cerquita de tu casa. Digo que caigo luego, pero la verdad es que me da mucha pereza.

El vecino del que hablaba es casi el epítome de esta tribu entrada en años: empieza una fiesta (supongo que solo, porque su pareja no está  y no parece que entre alguien en su depa) a eso de las ocho o nueve de un viernes. Dos de la mañana y no para, cuatro y no, mediodía siguiente y sigue. A veces puede ser un lunes a las 11 de la noche. Una vez empezó el viernes y para el lunes, doce treinta am, no acababa. Medio le bajaba, pero luego repuntaba. Pone electrónica y es muy curioso que a veces el punchis se sincroniza con los latidos de una persona acostada que quiere dormir  -o en el alucín consolador eso me parece-. A veces suena como un centro de lavado, más que una fiesta. Son unos  tun-tun tun-tun, muy parecidos a los ciclos de lavado de las lavadoras de tina que tenían un rodillito con palanca para exprimir la ropa.

Se supone que el chavorruco (o ella) se caracteriza por tener actitudes y aires juveniles, especialmente las referidas al reventón, cotorrear a tope como consigna inquebrantable, etc.,  cuando su edad ya está bien separada de esa época de la vida (la pata de gallo no miente) , según el consenso general.  En mi caso, parece que soy lo inverso desde hace mucho: rucochavo. Quedarme en otra cama que no fuera la mía me daba un pesar, que hacía todo lo posible por que no pasara. Esto sigue hasta la fecha. A veces chupar me aburre. Así de simple. Puede haber buena charla o música o algo, pero chupar per se, me adormece, y si es de pie o aplatanado en una silla en vaso de unicel, peor (bailar no cuenta, porque no sé). Son  muchos los ejemplos de falta de aguante para  calificar en la chavorruquez. Pero los vecinos, especialmente él, dominan el arte y los demás podemos testificarlo no de bulto, pero sí de oídas.

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