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Archive for 14 agosto 2014

El oso, Viernes y su amo

CrusoeYa me había pasado. Con Moby Dick, por ejemplo. Caballeritos europeos del siglo XIX matando por deporte o placer o porque sí. Interrumpí la lectura de Moby Dick hace más de 15 años y no la he reanudado. La causa fue un pasaje en el que describe el “arte” de matar ballenas por placer. Me pareció tan gratuito, tan fuera de lugar para mis ojos del siglo XX-XXI, que ni pude ni quise seguir más. H G Wells habla de “salvajes”, Darwin igual y muchos otros caballeritos de la época tiran por el mismo camino. No me convence el argumento de “época”: es que así pensaban, es normal; es que así se decía…etc. Es como justificar que porque “así se decía” tengamos que aceptar el pensamiento supremacista elitista, con el que se identificaban muchos de  los que son la base del llamado pensamiento moderno.

Daniel Defoe entra en esta mi lista de pensadores y creadores cuya concepción de los otros (la mujer, los “salvajes” hoy se incluirían los “migrantes” en esta categoría) tal vez no demerita del todo sus aportes, pero sí deja en claro su visión del mundo, desde dónde y para quién pensaban o escribían. Entonces, con éste como con los anteriores, me ha vuelto a pasar. En el capítulo XV de Robinson Crusoe, el criado a quien “liberó” Robinson del “salvajismo” en el que vivía en el Caribe y a quien llama caribe o  Viernes (en los casi 20 años que vivieron juntos, parece que nunca le pudo preguntar por su verdadero nombre), ya bien asimilado a los usos “civilizados cristianos”, hace un acto de “diversión” en un momento de tensión. Tras casi 30 años, ya salieron de la isla y van cruzando un pedazo de Europa caminando. Se topan con un oso que anda por ahí y que no tiene intenciones de hacerles nada. Al negro, Viernes, se le ocurre que sería gracioso hacer encabritar al animal y luego descerrajarle un tiro en la nuca. Se encarama a unos árboles (como el buen “salvaje” que es, dice su amo), hace que el animal quede pendiente de una rama, todos ríen, el oso va bajando de la difícil posición en la que está y cuando casi logra poner pie en tierra, el negro le suelta un tiro a bocajarro entre nuca y oreja. Todos ríen. Esto, como con los otros autores mencionados, me ha hecho cerrar el libro y darlo por terminado.

Pero no, esta vez por mera disciplina terminé, y terminarlo me confirmó el alto grado de propaganda que tiene la historia (conflictos España-Inglaterra en el siglo XVII con una Francia de testigo). Para mí, los últimos capítulos dejan en claro que Robinson pasó casi 30 años de su vida desarrollando sus habilidades manuales. Nada más. Apenas toca tierra de nuevo, parece que no pasó nada en su vida. Va por sus bienes, entra en la cotidianidad como si sólo se hubiera ido de viaje un fin de semana. Si ya de por sí es increíble que una persona esté tanto tiempo sola, parece más increíble que casi nada en su cabeza haya cambiado. No escuchó, no se escuchó, no vio, no se vio, no sintió, no nada. Igual idealizo, pero casi 30 años en soledad son o para volverse loco, suicidarse o hacerse un maestro de maestros en las artes de meditación y sabiduría. Pues nada de eso. Entiendo que el libro no va a ser lo que yo quiera, pero la actitud de señor “civilizado” que machaca a cada paso lo maravillosa que es su gris, nublada y civilizada Inglaterra, lo menos que puede ser es chocante. Ensalza a la iglesia, al estado, a la industria (aunque sea el esclavismo), toma distancia de los “salvajes”, de los que viven “en pecado”, de todo lo que las “buenas maneras” deben tomar distancia. Uno de tantos remates que tiene la historia: ya para terminar su periplo, el barco en el que iba lo deja y por necesidad se hace amigo de un tal Wilkins. A las dos horas ya le dice amigo y gran amigo y así. Con el mentado Viernes vivió más de veinte años, pasaron ene número de situaciones, salieron de la isla, fueron a Europa, a Asia y hasta murió en sus propios brazos de unos flechazos. Nunca le dijo amigo. Todo el puto libro fue su criado.

Con el tiempo, esta lectura es una de las representativas de la literatura juvenil. Yo no le recomendaría esta lectura cristiana supremacista racista imperialista propagandística a un adolescente.

Andar encuerado en las regaderas

toalla_curiosa_1Pues el título ya lo dice todo. Me ha llamado la atención un hecho del que me he enterado vicariamente. Se me ha dicho que en las regaderas de mujeres del deportivo al que voy hay cortinas en cada regadera. En el cuartito de vapor, las mujeres regularmente no entran desnudas. Cuando salen de bañarse, salen envueltas en toallas o de plano ya vestidas, aunque sea con ropa mojada. Se sospecha que algunas ni siquiera se desnudan totalmente debajo de la regadera. Ya en los vestidores, tampoco se desnudan, sino que hacen movimientos malabarísticos con tal de no dejar las carnes llanas expuestas a la vista de las demás. Por ejemplo, contra la pared, sostienen la toalla con los dientes mientras guardan el equilibrio con otra toalla que llevan enredada en la cabeza al tiempo que trémulamente tratan de ponerse la pantaleta o tanga, según las dimensiones y a lo mejor la edad. Corren el riesgo de atorar los dedos de los pies con la prenda, caer de costalazo o golpearse el cráneo mortalmente contra el filo de una banca, pero todo sea con tal de no exhibirse encueradas. Se ponen crema sólo si antes ya tienen puesta la ropa interior. Aunque todo esto sólo me lo imagino, pregunto ¿por qué? ¿Estamos frente a un aspecto de género (recuérdese que es espacio exclusivo de mujeres), frente a una actitud local, global, moral, frente a un trauma inducido por los modelos impuestos por la publicidad, se trata de un acomplejamiento generalizado, se verifica que las peores enemigas de las mujeres son las mujeres en términos estéticos, no necesariamente sociales, la culpa es del sistema y no del individuo, no es nada de esto, es pudor? ¿Por qué no simplemente andar desnudas en el circuito vapor-regaderas–vestidores si todo está a unos pocos metros de distancia y en el mismo espacio?

En el apartado de hombres hay dos o tres asistentes que rigurosamente se cubren de la cintura para abajo en el trayecto regadera-vestidor. No hay cortinas. En el vapor acaso uno o dos entran con ropa. Hay panzones y de carnes recogidas y músculos trabajados, como también debe de haber sus equivalentes en la sección femenina. Probablemente hay un rasgo cultural que echa raíz en las niñas: mostrarse es sancionado, mientras que en el sexo opuesto puede ser incluso celebrado. Me pregunto si hay también un cierto desparpajo en el hombre que le facilita quitarse la ropa, en este contexto de club deportivo, sin mayor cuidado, mientras que en el caso de las mujeres se activa un complicado mecanismo en el que muchos engranes con diferentes nombres trabajan para mantener la toalla bien enredada en el cuerpo. Algunos nombres de esos engranes podrían ser vergüenza, complejo, costumbre, temor, vulnerabilidad, insatisfacción o un sentimiento similar.

No creo que haya víctimas ni orondos triunfadores en una futilidad como encuerarse o no. Al final es una decisión personal. Pero no deja de rondarme la idea, desde que me enteré de que había cortinas entre regadera y regadera en una sección de puras mujeres, y de que no se desplazan desnudas en el área, de que hay factores sociales y culturales que determinan conductas en principio banales, pero con posibles repercusiones en ámbitos más relevantes de la convivencia.

Categorías:La vida diaria Etiquetas: ,
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