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Archive for 22 octubre 2014

Por algo se los echaron (!?)

Esta mañana una persona que trabaja con estudiantes se manifestaba en contra de los cierres de las escuelas. Lo encuentra completamente inútil. Dice que si quieren hacer algo de verdad, que cierren Periférico, las casetas, que paren la ciudad. Que si los medios inflaman cualquier acción que atente contra el tráfico o contra el status quo, que esa es su chamba, a fin de cuentas. Él siempre porta pants de la UNAM muy orondo. Creo que hasta ahí llega su compromiso universitario. Aseguraba que detrás de los normalistas de Ayotzinapan hay grupos como los del PRI que patrocinaban a los porros de la prepa Fresno. Dio a entender que él fue uno de estos últimos. Que no son angelitos los normalistas y que por algo “se los echaron”, acabó esta persona.

AyotziLos argumentos contrarios los desdeñaba generalizando y gesticulando al estilo “nada diferente a lo que yo diga importa”. Ante la explicación de que los movimientos se construyen con la organización, a través de procesos, dijo que la contundencia estilo kamikaze y la inmediatez mediática, tipo pasto para portadas sangrientas al otro día, o nada.

Todo esto me hizo pensar que el suyo es el mismo sentir de millones de mexicanos: si no me afecta, no me importa y pónganse a estudiar, no a andar de revoltosos. La masacre de los normalistas toca otros terrenos mucho más trascendente y preocupantes. Los ejecutores son tan abominables como los perpetradores. Más allá de la antipatía que se pueda tener a la gente que protesta, argumenta y actúa, como muchos normalistas y estudiantes y trabajadores, como en cualquier otro lugar los puede haber dentro de la sociedad, estamos frente a hechos más profundos:

 

  1. El gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, declara que sabe que otros funcionarios del estado están coludidos con el narco o trabajan para él.
  2. La policía, al menos probadamente la de Iguala, trabaja para el narco. Al interior de la misma hacen bandas criminales, como Guerreros Unidos.
  3. El presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, Ma de los Ángeles Pineda, son narcos o trabajan para el narco.

 

Aun dejando de lado el siniestro y cínico hecho de que financiamos a bandas criminales policiacas y de funcionarios, porque además de delinquir cobran un salario del presupuesto, estamos en manos de ya no sabemos quién. La procuración de justicia le rinde cuentas al que debe combatir y aterroriza al que le debe rendir cuentas.

 

No es descabellada la hipótesis de que estas son las primeras muestras de un panorama de represión que se avecina. Un calis de lo que puede pasar si la gente quiere salir a protestar ahora que vengan las trasnacionales a arrasar con petróleo, minas, agua, suelos y lo que se atraviese con las reformas energética y hacendaria.

 

La desaparición y, seguramente, asesinato de los normalistas, va más allá de los enraizados odios del pobre hacia el pobre. Apunta a un estado de terror, represión y violencia de estado que no se va a parar en estudiantes pobres. Pueden ser el botón de muestra.

La dictadura perfecta / Luis Estrada

Luis Estrada agrega una más a su lista de películas contundentes, polémicas y críticas de la podredumbre sistémica. Los partidos políticos funcionan como empresas de colocación; la mafia está en las curules, en la tele, en los contratos, en las calles, en todos lados, de cuello blanco y de bota piteada, a todo se adapta. En La Dictadura perfecta vemos una recreación que, todos sabemos, está muy cercana a la realidad, del engendro de un personaje. La televisora más poderosa de este país, como la academia de la lengua española, limpia, fija y da esplendor, no a la lengua, sino a un títere que pone la cara, se gana a la gente vacua, igual que él, y por la espalda les abre la puerta de los recursos de la nación a todos sus compadres, nacionales y extranjeros.

Como en la Ley de Herodes o el Infierno, la trama se basa en la sátira y la comedia. Los guiños, las alusiones, arrancan risas entre el público, porque hay una identificación con la realidad. Una escena de dinero y ligas vista desde una cámara de vigilancia y la gente ríe. Una escena de vote por quién cree usted que es el culpable y la gente ríe. Son como memes, son parte de los referentes colectivos de los mexicanos de hoy. Todos sabemos a qué se alude. Es el propósito, lo ha dicho el director y escritor, fomentar conciencia entre los mexicanos presentándoles la realidad dramatizada y barnizada de comedia, pero al fin, no en el fondo, apenas debajo de una delgada capa de actuación, es el día a día de este país. Mientras lo ves en la pantalla, está pasando, están matando, secuestrando, violando, metiendo dinero en maletas, firmando contratos millonarios y saqueando lo que se pueda.

Este es el punto en el que muchos nos quedamos flotando en un silencio en el que todo se detiene y nos preguntamos: ¿por qué no me río? Los demás rompen en carcajadas, manotean de risa y uno sí entiende el chiste, pero no puede reír. Lo que estamos viendo es demasiado fuerte (aun capeado de comedia), real, crudo, frustrante. Vemos un funcionario de televisa tratando con desparpajo y prepotencia a un presidente pelele. Confirma lo que sabemos; y es chistoso cómo lo zarandea, la gente ríe, pero muchos no podemos.

El mismo Estrada ha declarado en entrevistas que sabe muy bien que una película no va a cambiar nada, no va a generar una movilización masiva, no, nada, como siempre, todo queda igual, no trastoca nada. En esta ocasión, como en otras, Televisa se montó, dijo que apoyaba y a la mera hora se echó para atrás. Ahora Estrada está bien endeudado. Apoye o no apoye, la gran mayoría de la gente no va a dejar de ver y consumir Televisa. Aunque la empresa patrocine una película que la critique y exhiba cómo lleva décadas operando en este país, eso no le hace ni cosquillas. Está muy inserta en los hábitos de millones de personas fieles a su programación, a sus noticieros, a sus programas sensibleros, de presunta comedia y a todo lo que le venga en gana poner al aire.

Una frase gastada para referirse a una peli es: “está buena”. Algunos dirán que aplica para ésta. A mí me parece que es un recordatorio más de la pesadilla en la que estamos metidos como sociedad y como individuos. No es ni sano ni normal vivir entre balaceras, atracos y secuestros. Gobernados por grupos autoreciclados, coludidos con la mafia, tapándose unos a otros, con empresas enjuiciadas en otros países y sobre todo con una inagotable hambre del poder por el poder.

El chiste está muy cerca de la realidad como para reírse.

Categorías:Cine, Crimen_México Etiquetas:
Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

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