Archivo

Archive for the ‘Cine’ Category

La dictadura perfecta / Luis Estrada

Luis Estrada agrega una más a su lista de películas contundentes, polémicas y críticas de la podredumbre sistémica. Los partidos políticos funcionan como empresas de colocación; la mafia está en las curules, en la tele, en los contratos, en las calles, en todos lados, de cuello blanco y de bota piteada, a todo se adapta. En La Dictadura perfecta vemos una recreación que, todos sabemos, está muy cercana a la realidad, del engendro de un personaje. La televisora más poderosa de este país, como la academia de la lengua española, limpia, fija y da esplendor, no a la lengua, sino a un títere que pone la cara, se gana a la gente vacua, igual que él, y por la espalda les abre la puerta de los recursos de la nación a todos sus compadres, nacionales y extranjeros.

Como en la Ley de Herodes o el Infierno, la trama se basa en la sátira y la comedia. Los guiños, las alusiones, arrancan risas entre el público, porque hay una identificación con la realidad. Una escena de dinero y ligas vista desde una cámara de vigilancia y la gente ríe. Una escena de vote por quién cree usted que es el culpable y la gente ríe. Son como memes, son parte de los referentes colectivos de los mexicanos de hoy. Todos sabemos a qué se alude. Es el propósito, lo ha dicho el director y escritor, fomentar conciencia entre los mexicanos presentándoles la realidad dramatizada y barnizada de comedia, pero al fin, no en el fondo, apenas debajo de una delgada capa de actuación, es el día a día de este país. Mientras lo ves en la pantalla, está pasando, están matando, secuestrando, violando, metiendo dinero en maletas, firmando contratos millonarios y saqueando lo que se pueda.

Este es el punto en el que muchos nos quedamos flotando en un silencio en el que todo se detiene y nos preguntamos: ¿por qué no me río? Los demás rompen en carcajadas, manotean de risa y uno sí entiende el chiste, pero no puede reír. Lo que estamos viendo es demasiado fuerte (aun capeado de comedia), real, crudo, frustrante. Vemos un funcionario de televisa tratando con desparpajo y prepotencia a un presidente pelele. Confirma lo que sabemos; y es chistoso cómo lo zarandea, la gente ríe, pero muchos no podemos.

El mismo Estrada ha declarado en entrevistas que sabe muy bien que una película no va a cambiar nada, no va a generar una movilización masiva, no, nada, como siempre, todo queda igual, no trastoca nada. En esta ocasión, como en otras, Televisa se montó, dijo que apoyaba y a la mera hora se echó para atrás. Ahora Estrada está bien endeudado. Apoye o no apoye, la gran mayoría de la gente no va a dejar de ver y consumir Televisa. Aunque la empresa patrocine una película que la critique y exhiba cómo lleva décadas operando en este país, eso no le hace ni cosquillas. Está muy inserta en los hábitos de millones de personas fieles a su programación, a sus noticieros, a sus programas sensibleros, de presunta comedia y a todo lo que le venga en gana poner al aire.

Una frase gastada para referirse a una peli es: “está buena”. Algunos dirán que aplica para ésta. A mí me parece que es un recordatorio más de la pesadilla en la que estamos metidos como sociedad y como individuos. No es ni sano ni normal vivir entre balaceras, atracos y secuestros. Gobernados por grupos autoreciclados, coludidos con la mafia, tapándose unos a otros, con empresas enjuiciadas en otros países y sobre todo con una inagotable hambre del poder por el poder.

El chiste está muy cerca de la realidad como para reírse.

Anuncios
Categorías:Cine, Crimen_México Etiquetas:

La danza de la (i)realidad

¡Pinche Jodo!  Son mis dos palabras para describir la muy desangelada experiencia de haber visto la Danza de la realidad. Hay muchísimas cosas que dan grima, por ejemplo :
A) ¿Por qué le pone el nombre de su libro si del mismo no toca ni un capítulo completo, siquiera?
B) En el libro el padre es un culero y la madre no se queda atrás. ¿Cambió de opinión? La película es una oda a su padre. Parece que necesita redimirlo.  Si ya lo denostó que se aguante, carajo.
C) ¿Por qué pensó que era atinado o atractivo que su madre cantara cada que abría la boca?  Después de las primeras veces es chocante.
Para acabar pronto no hay nada ahí,  ni en la historia, ni en las actuaciones,  escenarios, diálogos, no hay nada. Es como una cucharadita muy raquítica de una sopa magra y sin chiste. El libro homónimo da para mucho, la vida del Jodo, al menos como la presenta en su libro, es interesante y abundante en anécdotas y vivencias que podrían haber llegado a la pantalla de una manera muy lograda. A estas alturas de su vida podría haber hecho una obra memorable, a su altura,  pues.  Si el título fuera la Danza de mi papá,  ya sabría uno si ir o no. Con buen ojo comercial, se colgó del nombre de una obra suya  para presentar algo que no alcanza a ser ni el aroma.

Jodo

 

Categorías:Cine Etiquetas:

Ni tan buenos ni tan malos

Acabo de ir a ver los Días del futuro pasado, la más reciente de los hombres equis.  Días más tarde,  Maléfica, la reciente de Disney que re cuenta la Bella durmiente pero desde la versión de la mala de la película, o al menos la que tradicionalmente lo era.  Fui bajo el entendido palomero pero me llevé una sorpresa. No sé si Hollywood, la CIA o una fuerza oscura nos está neutralizando o relativizando los tradicionales cajones de blanco y negro a los que cómodamente nos habíamos acostumbrado. El malo es malo  para siempre, y el opuesto lo mismo. En la de los hombres x,  Magneto pasa de ser un joven villano malvado a ser un viejo que ya agarra la onda; o se ve obligado a agarrarla porque le va el pellejo de por medio.
El discurso en Maléfica va por la misma banqueta: nos quiere decir que el “terrorista” no salió de la nada,  no se levantó una mañana y salió a vengarse nomás porque sí. En estas nuevas versiones,  nos muestra la pantalla que ni Magneto ni la bruja mala (que ya no es bruja,  sino un ser alternativo que vive en armonía con las fuerzas naturales de las que echa mano en legítima eco defensa)  lo son gratuitamente. Como en la vida real,  el levantamiento,  la sedición, tienen un porqué -vaya novedad.
Pero hay otra lectura.  En el juego de roles prefabricados,  podemos pensar que el malo es el rico, es la banca,  el megaconsorcio o el político gandalla,  y el bueno el pueblo,  el jodido,  el sempiterno sometido. Desde la visión de Disney,  podemos entender que el malo ni es tan malo ni hay garantía de que siempre lo haya sido o lo vaya a ser.  Igual aplica para la contraparte. Así,  y reduciendo, ¿no nos estarán inoculando desde el cine palomero taquillero que todo es relativo, que la relatividad atenúa atropellamientos y agandallamientos de una minera un Monsanto,  una petrolera u otra explotadora?

Por supuesto que los de abajo, los “buenos” de la trama, no lo somos tanto y tenemos nuestra oscuridad, a flor o debajo de la cama, pero la tenemos. El asunto es que no hay un equilibrio entre las herramientas de la sociedad y los recursos de los que llevan el sartén  por el mango para conservarlo a toda costa. Parece que el mensaje fuera: debemos reconsiderar y dejar de satanizar al de los cuernos. A lo mejor estoy muy paranoico, pero aquellos, históricamente, no dan paso sin huarache.

Categorías:Cine, sociedad Etiquetas: ,

12 años esclavo

Esta aclamada película y merecedora de Óscares, me parece sobrevalorada. O me parece que lo que más salta es lo que calla. Se centra en las tribulaciones de un negro libre que con engaños es convertido en esclavo en el sur gringo. No por ser tribulaciones individuales dejan de tener una importancia extensible a la condición de esclavitud en cualquier parte del mundo, máxime hoy que hay un evidente rebrote de esta deleznable actividad profundamente humana.  Ejemplo: centroamericanos esclavizados por el narco; mujeres en maquilas en la frontera norte; chinos y africanos en Europa, etc.

Pero de la anécdota no pasa. Jamás se toca el sistema como tal. Se acepta que así era, que qué pena que así funcionaran las cosas, pero “no había de otra”.

Parece que el Hollywood más “americano” no acaba de expiar su culpa. Como que sigue teniendo la necesidad de redimir el “vergonzoso” pasado de maltrato hacia los no-blancos. Hacen películas pro judío (aparte, porque la elite de éstos son los dueños de los grandes medios), pro negro, pro “minorías”. Todavía no pro latino, porque tal vez aún están muy cerca geoespacialmente aunque muy lejos del espectro de interés como para hacerles una peli importante pro ellos (bueno, en su bendita inocencia pueblerina, no se han dado cuenta de que tienen espectaculares películas pro latinos, entendiendo latino en su sentido original: Ben Hur y Gladiador, por ejemplo).

Creo que hay cierta condescendencia hacia el esclavismo; no es que lo glorifique, pero tampoco lo denuesta explícitamente (este negro legalmente es mío; este otro legalmente no le pertenece). Hay alusiones a que dios les va a cobrar a los esclavista esa falta de sentimientos. Pero no se cuestiona la propiedad privada, dentro de la cual se incluye a los y las negras. Al respecto, no podía esperarse otra cosa, las mujeres la llevan doble, por ser negras y mujeres. Sufrir al patrón en el campo y en la cama -o de plano en el suelo.

Categorías:Cine Etiquetas:

Tabú y Leviathan

julio 23, 2013 1 comentario

Dos de las mejores películas que he visto en lo que va del año. Tristemente, dos de las peores funciones a las que he asistido en mucho tiempo: gente farfullando, chacoteando, pujando risitas idiotas no por la película, sino por lo que cuchichean con quien o quienes van. Peor: golpeteo en la parte trasera del asiento por parte de un imbécil que, a más de media película, no acaba de acomodar su inconsciente culo en la butaca.

Hubo colmos. En Tabú, la narración del hombre en off se construye con los silencios del pasado. Cuando lo invoca, los involucrados no hablan, el pasado es mudo, es imagen y recuerdo con ausencia de voces, con silencios elocuentes. ¡Pero cómo lo echaban a perder los idiotas de atrás con su güiri güiri, cuchicheos y risitas idiotas. Era una pareja cuarentona o así. Si la gente quiere chacharear no debería meterse al cine a ver una película que demanda una participación silente del espectador,  un mínimo estarse quieto para no arruinar la proyección a los demás que estamos en la sala.

En Leviathan, delante de nosotros, una pareja de abuelos. Desde que se sentaron no dejaron de parlotear; por lo bajo, pero no porque quisieran, sino porque sus cascadas voces cavernosas ya no daban para más, que si no, seguro chillan más fuerte. No hay diálogos. Eso a la gente le desesperaba. Media sala, no sólo los viejos, estaba chachareando. Otra vez risitas idiotas de grupitos idiotas de chamaquitos idiotas que se metieron a ver una película de la que no tenían ni la remota puta idea de qué trataba. Y qué bueno ir a ver sin saber, pero ir a ver, para no dejar ver, es con ganas de joder a los demás. El vejete de adelante se desesperaba tanto, el pobre, que en un momento en el que un hombre se está quedando dormido frente a la tele, no aguantó más y le gritó al actor que hiciera algo. Lluvia de shhhhhhhhs, pero sin mucho efecto. Qué diferentes concepciones de “ver una película”. Para este desesperado anciano era necesario que “algo” pasara. No concebía que una persona “estuviera”, quería que “hiciera”.  Frente a sí tenía un inmenso barco pesquero cruzando el mar, con micrófonos y cámaras en posiciones que tal vez sólo las aves y los habitantes del mar consiguen. Estrépitos, sonidos envolventes, imágenes de inmersión, hipnotizantes y agobiantes. Y el cabrón ruco esperando que “pasara” algo.

De atrás gritaron váyanse a ver supermán. Cuando se oyó que devuelvan las entradas, solté pues ve a pedirlas, hijo, y allá te quedas.

Qué lamentable ir a ver dos peliculones con la mejor de las compañías (de persona, o sea con quien iba, no de Compañía, S.A., etc.) y toparse con público palomero, formado en un cine taquillero, padre y re chidote.

 

 

Categorías:Cine Etiquetas: ,

El retorno del idiota (Návrat idiota)

El regreso del idiota

No he leído El idiota, de Dostoievsky, obra en la que se inspira el personaje de esta película.  Tal vez no hay que haberlo leído para disfrutar la cinta. Tampoco he leído El Castillo, de Kafka, por ejemplo, y tengo la película basada en esta obra; y no he querido verla porque primero quiero leer el libro, aunque puede ser que, como en este caso, por ser inspirada en, no sea condición leer y luego ver. Pero en el caso de El retorno del idiota, hay escenas que seguro voy a querer buscar en el libro cuando lo lea. Algunas son memorables, como esas que me parece que se quedan para formar parte de las clásicas, de las que componen el collage de lo que se representa en nuestra mente con el concepto cine.

Un chico con problemas de epilepsia regresa de la clínica para volver a su pueblo. Lo espera una señora a la que llama tía, pero no sabe cómo dar con la dirección ni si realmente es su tía. El azar y la ley del sexto grado (esa  que dice que necesitas menos de seis intermediarios para estar relacionado de alguna manera con alguien en el mundo) lo llevan a enredarse en la relación de una pareja en la que en realidad son cuatro y tal vez con él ya sea un quinteto. Su epilepsia le ha dejado algún tipo de tara  que a su vez ha dejado que desarrolle o que aflore una sensibilidad humana y perceptiva que los comunes y corrientes tenemos apagada. O tal vez simplemente es una persona bondadosa e inocente, algo raro para las sociedades modernas.

La fantasía viene a mezclarse con lapsus y recuerdos del protagonista. Así nos enteramos de los fantasmas que rondan su mente, pero que a la vez lo dejan deslizarse a una realidad menos sórdida que la que nos envuelve, especialmente en la fría monotonía del invierno del norte de Europa.

 

Categorías:Cine Etiquetas: ,

Sin verlas, ya las vi

Estaba muy interesado en ver unas películas mexicanas que se están exhibiendo recientemente en la Cineteca: Nos vemos, papá, Abolición de la propiedad y Entre la noche y el día. En realidad sólo quería ver la primera y la otras dos las puse en la lista tras ver los pósters de promoción. Casi no lo hago, pero se me ocurrió ir a ver los avances. Los hicieron de tal manera, que al menos en Entre la noche y el día, con los dos minutos y algo que dura, ya me dijo todo. Abolición de la propiedad de plano me desencantó. El póster es atractivo (por la chica, o más bien es atractiva la chica) pero ya ver los avances me creó reservas. Y Nos vemos, papá, lo  mismo que la primera: ya me dijo el arranque, el clímax y el desenlace.

Creo que los avances, o tráilers, como les encanta llamarlos, no deberían hacerlos tan redondos que cuenten toda la trama. Hay unos que dejan picado, pero éstos de plano mostraron todo y uno dice, ya para qué voy a verla.

Nos vemos, papá

Abolición de la propiedad

Entre la noche y el día

 

 

Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

A %d blogueros les gusta esto: