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Archive for 25 enero 2012

Entre la espada y la pared con los pantalones en los tobillos

La sensación de la extorsión debe de ser similar a la del abuso sexual, guardando las debidas distancias. Hay una sensación de impotencia, de frustración y vejación que se intensifica con la condición de ser discreto, de aguantarse el grito en la garganta, apretar la lengua, hacer de tripas corazón y responder al saludo con un bien, gracias, ¿y tú qué tal? Porque no se puede uno poner a platicar de estos temas con cualquiera, no vaya a ser que el interpelado sea parte de la mafia o conoce a alguien en o conoce a alguien que conoce a alguien en la puta mafia. ¿Y si los mato?, piensa uno… ¿y si le juego al batman justiciero? ¿y salgo en las noches a deshacerme de la escoria? Es un cáncer, porque en el supuesto de que uno proceda por ahí, detrás viene otro y otro y ya se están gestando desde ahorita los reemplazos. Son los chamaquitos generación Ed Hardy y motoneta con estéreo que andan zumbando por las avenidas y haciendo sus pininos en el trasiego, el consumo y la maldad, con minúsculas, pero a veces con mayúsculas consecuencias, al final. Es la mosca en la oreja que no deja de pasar imágenes por la mente: suena el teléfono para decirte que pases a reportarte con todo lo que tengas, porque ya tienen a tu señora o a tu criatura; o vas por la calle y cuando te bajas del coche para abrir el zaguán sientes que ya te chinearon y se te metieron hasta la cocina y a ver cómo la libras. Si sacas el fon en la salida del metro, no vaya a ser que te empiecen a seguir, y no se te ocurra venir caminando en la noche oyendo los audífonos porque por no oír te madrugan, te caen encima y ya te enchufaron.
No le sacas los golpes a tu coche porque así se ve más jodido y despierta menos interés para la rata. ¿En qué nos hemos convertido en los últimos pocos años? Los rescates los pedían en las películas a la gente de altos vuelos, a los empresarios de primera línea, o a los de segunda, pero no al tendero de la esquina, al taquero, al comerciante en pequeño que apenas ai la va librando cada día. No secuestraban maestros de escuela por no reportarse, o no extorsionaban a nadie que uno conociera en el barrio, la casa o el trabajo, porque eso era para otra gente, no para los de las colonias populares, los de a pie y boleto del metro. Pero los tiempos se pusieron patas pa arriba y ya están aquí. O dicen que ya están, bajo el nombre del cártel de moda y vete a saber si son o no son, y entre que sí y que no, caite porque no vaya siendo que a la mera hora siempre sí eran.
¿Y dónde está la autoridad? Nadie en su sano juicio comenta este ultraje con un representante de la supuesta justicia que debe impartir el estado, pues hay que ser muy muy inocente para no tener en cuenta que el dicho funcionario necesariamente recibe su tajada por hacerse de la vista gorda y dejar trabajar a la mafia. Ir a denunciar y dejar datos y que le miren a uno el rostro es lo mismo que ponerse la soga al cuello o la cinta canela en la boca y el cable de luz en los huevos.

¿Qué sigue? ¿Irse del país, meterse debajo de la cama, hacer como que no pasa nada, desafiar y salir a decir no le entro y hazle como quieras? Estamos acorralados, inclinados y con los pantalones en los tobillos. Pero con la conciencia de que lo estamos y de que así no nacimos y así, así, no moriremos.
La resistencia existe.

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Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

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