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Archive for the ‘sociedad’ Category

2020, el inicio del siglo XXI

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Imagen: shorturl.at/acvT8

Hace rato escuché el editorial de los días lunes del Pirata en el podcast ECDQEMSD (canaltrans.com, @canaltranscom). Hizo una reflexión que subraya que los acontecimientos sociales, políticos o de otra índole son realmente los que marcan las etapas de transición, más allá de la precisión que exigen los números. El siglo XX, por ejemplo, empezó, obvio, en 1901, según lo incuestionable que es un calendario; de acuerdo, pero para muchos europeos, 1914 fue, quizá, «el inicio» de ese siglo que estrenaban; en México, tal vez desde cuatro años atrás ya se sentía el sabor que traía el siglo que se sacaba recién del empaque.

Siguiendo esta visión de los cambios, el XXI, sí, con mucha razón, se puede decir que indiscutible y sincrónicamente arrancó en 2001, particularmente con el 9-11; pero la desaparición de las torres gemelas no sacudieron de una manera tan brutal al planeta entero como lo está haciendo la actual pandemia de Covid-19. Dice el Pirata que, claro, ya pasaron veinte largos años del arranque del siglo, según el calendario, pero es en este final de la segunda década cuando el detonador hizo clic, o pum, o chin, o algo, de manera que ahora, a mediados del año 20 de la centuria, podemos empezar a ajustarnos más y mejor las mascarillas, máscaras, cubrebocas, nasobucos o como les queramos llamar a los trapos que nos van a acompañar, quién sabe, tal vez por un largo rato. Con la nariz y la boca debidamente cerradas, las manos secas de tanto jabón y borrachas de tanto alcohol, los pies bien frotados en el tapete satanizador y con todos los mejunjes que se van sumando, somos testigos, se dice en el podcast, de fenómenos inéditos, como la superabundancia de información falsa y la profesionalización de lo que dudosamente puede considerarse como algo profesional (yo entendí: dejar de considerar banal lo que sí lo es, pero en el mundo de Internet, donde todo está pasando, se insiste en que no). Los partidos de futbol, recuerda el Pirata,  se juegan en estadios vacíos a puerta cerrada, las reuniones de amigos se hacen a través de la pantalla por videoconferencias y ya no vamos a clases, nos conectamos a clases… Quién sabe hasta cuándo dure o quieran, o queramos que dure esto.

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El desfile internacional de muertos (y catrinas)

octubre 29, 2019 1 comentario

Tuvo que llegar Hollywood con el famoso agente secreto del imperio británico para que de ahí en adelante la celebración de Día de Muertos haya empezado a agarrar un tono cada vez más púrpura neón con orejas de ratón, camino a la disneyficación total con barruntos del adjetivo «tradicional» (el James Bond vino a filmar una escena de un -entonces- inexistente Desfile de Muertos en México en 2015). Curiosamente en 2013, porque presuntamente los asistentes se ponían a chupar, prohibieron las ofrendas de Ciudad Universitaria y la del Zócalo (esta última sigue ahí, pero no como lo fue durante varios años). La de CU la han llevado al Centro Histórico pretendiendo que unas maquetas de dos por dos que se tiran de una patada, sustituyan las monumentales que había en «Las Islas» en el campus universitario. La del Zócalo la convirtieron en algo como quirúrgico, más cercano a una tienda de la manzana que a una ofrenda «normal».

Ante los oficializados desfiles que hoy promueven como internacionales y con otras etiquetas pegadoras, uno se pregunta: ¿quién paga todo eso?, ¿quién programa y con qué criterios? Las vallas y los polis recuerdan más una contención que una celebración. Antes en las ofrendas, la gente circulaba entre ellas, los autores ahí estaban al lado y todo parecía más «de gente a gente» que una innovadora actividad turística de alto impacto captadora de una importante derrama económica, como les gusta decir a los labiosos especialistas.

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Hoy no circula sabatino

Parece que todo en este país se rige bajo el principio de piensa mal y acertarás. Los coches de más de 15 años de antigüedad dejarán de circular todos los sábados, y de 9 a 14 años, un sábado más del que ya de por sí les toca. Esta supuesta “modernización” del programa Hoy no circula va encaminada a salvaguardar la salud de los niños, de los pobres, de los que menos tienen en el DF y la zona conurbada, dicen las autoridades. Esa canción ya está bien rayada; es la que usan para en teletonismo y para vender cualquier programa partidero disfrazado de social. Es por su bien, dice Mancera. ¿Ahora sí? ¿Con estos antecedentes quién les cree? Lejos: en los noventa fue el bum de los verificentros, cualquiera se abría uno y las calcomanías se vendían como si fueran estampitas de álbum. Cerca: por cien o doscientos pesos, veinte años después, te siguen pasando la verificada. Que ahora vengan con que la nueva medida reducirá 10% la contaminación, es muy cuestionable. La gasolina sigue siendo igual de mala. El año pasado amagaron los de este Programa con que habría unas cámaras directamente conectadas con no se sabe qué cabina de Mago de Oz desde donde vigilarían quirúrgicamente el proceder de los verificadores para que no le pidieran mordida al automovilista. Se quedó en promesa, que por fallas técnicas o algún pretexto así. Las mordidas siguen y las tales ultra cámaras nunca llegaron o llegaron y se quedaron en su empaque, de adorno o en casa de algún funcionario.

 

El metro, malo, lento y de a cinco pesos, las peseras y autobuses en DF por ahí andan, y en EdoMex ya es lo que sea, porque lo mismo pueden ser 7 o 10 o 25 pesos, depende de por dónde se mueva usted. Las combis, los micros y los taxis chatarra, los RTP, los chimecos y neochimecos y hasta el metrobús, tan cacareado pero que en cuanto mete primera se transforma en un ninja envuelto en la nube de humo que echa, entre otros tantos medios de transporte que ni imaginamos, pero que sí pagamos, tienen cómo defenderse. Sus gremios, tradicionalmente cercanos a las mafias o unas mafias en sí mismos, se apalabran con el bueno, le entran con una sobada de mano y siguen tan campantes. Jódase el no organizado, el conductor “de a pie”, valga la expresión. Nomás piense en el último camión de la basura que le tocó ver, ya no digamos ir detrás oliéndole el escape; lo mismo pasa con los camiones de carga y volteo que ostentan un pegol de “servicio público” o similar. Nadie les puede decir nada. Muchos ni placas portan. Pantitlán, Zaragoza, Gómez Farías, Cuatro Caminos, Indios Verdes, Santa Marta, Tacubaya, Taxqueña, por poner unos casos, tienen paraderos rebosantes de unidades anónimas, porque tampoco portan placa, muchas de ellas y casi todas, por su edad, ya podrían tener su IFE (o INE). Esas unidades altamente contaminantes no van a dejar de circular todos los sábados, sería muy ingenuo creerlo. Incluso es ingenuo creer que las verifican.

Qué padre que quieran hacer del DF una ciudad limpia. Somos los primeros en aplaudir. Pero volver a aplicar el madruguete, la imposición, el principio de pague ahora y viaje después y no hay de otra, es lo que calienta los ánimos. Hoy no circula empezó en 1989. Veinticinco años después de haber sido una minita de oro para empresarios y funcionarios, vienen a decirnos que debe ser modernizado; y por modernizar entienden cargarle todo el peso al más débil. Imponen sin alternativas: ¿me van a aceptar mi coche a cuenta de uno más reciente?, ¿cuáles son las alternativas para los vehículos utilitarios? Igual uno no tiene coche y siente que no tiene vela en el entierro. Pero resulta que todo lo que necesitamos, sí necesita ser transportado, y no se transporta en un último modelo. Sube la gas, sube el producto. Sube su transportación, pues lo mismo.

 

Otra cacareada al estilo GDF: los taxis eléctricos Nissan. Salieron unos cuantos, el relumbrón de la nota y la foto para salir en la tele y ya. ¿Alguien se ha subido a uno? Pusieron una estación de recarga en la fuente de las Cibeles, pero ahí está, tan abandonada como una caseta de teléfono de tarjeta. Por cierto, Estados Unidos ha retirado de circulación buenos coches eléctricos por eso, por buenos: el EV1 de GM, RAV4 Toyota, entre varios otros.

Un coche retirado: http://www.dailymotion.com/video/x6vkpu_1-sub-esp-quien-mato-al-coche-elect_news

Ni tan buenos ni tan malos

Acabo de ir a ver los Días del futuro pasado, la más reciente de los hombres equis.  Días más tarde,  Maléfica, la reciente de Disney que re cuenta la Bella durmiente pero desde la versión de la mala de la película, o al menos la que tradicionalmente lo era.  Fui bajo el entendido palomero pero me llevé una sorpresa. No sé si Hollywood, la CIA o una fuerza oscura nos está neutralizando o relativizando los tradicionales cajones de blanco y negro a los que cómodamente nos habíamos acostumbrado. El malo es malo  para siempre, y el opuesto lo mismo. En la de los hombres x,  Magneto pasa de ser un joven villano malvado a ser un viejo que ya agarra la onda; o se ve obligado a agarrarla porque le va el pellejo de por medio.
El discurso en Maléfica va por la misma banqueta: nos quiere decir que el «terrorista» no salió de la nada,  no se levantó una mañana y salió a vengarse nomás porque sí. En estas nuevas versiones,  nos muestra la pantalla que ni Magneto ni la bruja mala (que ya no es bruja,  sino un ser alternativo que vive en armonía con las fuerzas naturales de las que echa mano en legítima eco defensa)  lo son gratuitamente. Como en la vida real,  el levantamiento,  la sedición, tienen un porqué -vaya novedad.
Pero hay otra lectura.  En el juego de roles prefabricados,  podemos pensar que el malo es el rico, es la banca,  el megaconsorcio o el político gandalla,  y el bueno el pueblo,  el jodido,  el sempiterno sometido. Desde la visión de Disney,  podemos entender que el malo ni es tan malo ni hay garantía de que siempre lo haya sido o lo vaya a ser.  Igual aplica para la contraparte. Así,  y reduciendo, ¿no nos estarán inoculando desde el cine palomero taquillero que todo es relativo, que la relatividad atenúa atropellamientos y agandallamientos de una minera un Monsanto,  una petrolera u otra explotadora?

Por supuesto que los de abajo, los «buenos» de la trama, no lo somos tanto y tenemos nuestra oscuridad, a flor o debajo de la cama, pero la tenemos. El asunto es que no hay un equilibrio entre las herramientas de la sociedad y los recursos de los que llevan el sartén  por el mango para conservarlo a toda costa. Parece que el mensaje fuera: debemos reconsiderar y dejar de satanizar al de los cuernos. A lo mejor estoy muy paranoico, pero aquellos, históricamente, no dan paso sin huarache.

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Cuba desde la banqueta

cubaCuba es un gran árbol-Estado dueño de todo.  Los huequitos entre las ramas son los resquicios por donde millones de cubanos buscan colarse para irla pasando, porque 10,  20 o 60 dólares al mes no alcanzan para nada.  Pero sus caras,  su ánimo y sus cuerpos no parecen los de alguien que gane un dólar al día. Son cuerpos que atraen la mirada. Van del negro más intenso al rubio. Los rasgos de indígena americano casi no se ven. Esbeltos,  muy erguidos,  nucas elevadas,  atléticos y protuberantes, de andar orondo. La queja sobre la precariedad está a flor de labios en mucha gente. Son muchos quienes desearían estar afuera y poder mandar cien dólares a su familia,  una cantidad que en la isla no juntan en meses de arduo trabajo.

En la capital, muchos barrios  hacinados y llenos de actividad, de ires y venires, son centenarios,  con altos edificios que son vecindades ruinosas, unos decrépitos, unos coloridos y con un aire que recuerda los cuerpos de sus habitantes.  Los robustos coches de los 50 comparten las calles con cochecitos comunistas,  modernos autos chinos y con una compleja red de bicitaxis,  camiones urbanos,  motos con carritos laterales y  con un largo etcétera de vehículos nuevos,  viejos y adaptados para cubrir las necesidades de una población diversa que no siempre puede pagar un transporte, ni propio ni público.

En un restaurante,  por ejemplo,  o en un bar, es natural recibir el servicio con un aire de indiferencia, de trabajador del Estado. No es grosero ni igual en todos lados, pero en ciertas partes es,  digamos,  un servicio burocratizado. Un turista ve y no ve.  Haciendo turismo de bajo perfil se pueden ver cosas más o menos naturales que a veces la propina oscurece o abrillanta. Muchos no se van,  se quedan en  esta isla por decisión, sorteando el día a día con lo que pueden y como pueden,  yéndose por la izquierda en una sociedad cuyo gobierno de izquierda exige irse por la derecha con un dólar al día en la mano,  cierto,  pero asiendo en la otra seguridad,  educación gratuita de alto nivel y un servicio de salud que ni de lejos puede brindar el gran enemigo del norte. Este triángulo que en toda la América Latina sigue siendo una aspiración, tal vez en la isla quede reducido a la cotidianidad y termine siendo tan natural como comerse un plátano a puñetazos.

Vladimir, quien lleva nombre revolucionario, se hace su revuelta privada. Las pesca en el aire, tiene un ojo al gato y otro al garabato. Lo suyo son los puros, el tabaco. Se mueve por la izquierda usando cadenas, anillos y relojazos de fantasía que, siente, podrán ser de buena ley en cualquier golpe de suerte; sonríe a la cámara bien engelado, planchado y acicalado para tener su carnet de comerciante por la derecha, pero las manos a la espalda están bisneando lo que venga. Eduardo, su vecino de al lado, es su padre putativo, un viejo combatiente que no puede jubilarse por ser diabético, pero que al mismo tiempo está incapacitado para trabajar. En diez años no le han resuelto ese atasco burócrata. Ya va para los setenta. Huele a mugre guardada. Chupa y chupa la pipa que no se lleva bien con el encendedorzote chino que usa. Pasa el día sentado afuera de su desvencijada puerta, que apenas se cierra algunas pocas horas en la madrugada, pues dentro, faltan la luz y el aire en esos cuartos ruinosos y lóbregos de enormes techos en los que un foco fundido es como perderlo en el inasible cosmos. A la menor provocación, Eduardo defiende la revolución. Uno niega, el otro afirma, ambos en una emisión de voz que parece no tener separaciones, con consonantes suaves, sugeridas, vocales bien abiertas y veloces, encadenadas con nudos ciegos para cualquier hispanohablante que no sea su compatriota.

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Les acaban de subir el salario a los doctores, los atletas y un poquito a los maestros. Andan por los 40 o 60 dólares gringos al mes. Como en casi todo el planeta, un taxista afirma que gana más. Le pago los 35 pesos cubanos convertibles por la dejada de 200kilómetros entre Cienfuegos y La Habana, unos 37 dólares. Y sí. En 2 horas ya sacó lo de medio mes de un ginecólogo. Pero no deja de haber médicos “para aventar pa’ arriba”.

Una pareja madura, él comerciante, ella igual pero con una licenciatura en lengua española, arquean las cejas al escuchar los salarios mexicanos promedio. Les hablamos de los famosos seis mil pesos, con los que dice Cordero que se vive cómodamente. A esos seis mil, les decimos, hay que restar cerca de tres mil de renta, unos cien o ciento cincuenta de luz, más o menos lo mismo de gas. Todavía debe alcanzar para comer y una comida modesta en la calle, sólo la comida, cuesta la cuarta parte del salario/día si se está en esa cómoda (sic) plataforma de los seis mil. No debería asombrarse tanto la pareja, porque él dice tener la nacionalidad ecuatoriana, además de la cubana y viajan seguido a donde el Estado se lo permite: Nicaragua, Venezuela, Ecuador y otro destino que ahora no recuerdo. A su esposa le pagaban (porque ya no quiso trabajar por tan poco) 20 dólares al mes. Pero no pagan renta, no son propietarios, pero no pagan renta; un recibo de luz promedio está por los 6 pesos cubanos (dos pesos cubanos son un peso mexicano); uno de gas anda por los 12 de la misma moneda. Muchas clínicas son de 24hrs. No hay un policía a la entrada. No hay que demostrar nada ni fingir malestares. La atención es gratuita. Claro que tendrá sus limitantes, pero nunca se van a comparar con las limitantes de una clínica (cuando la hay) en cualquier país latinoamericano.

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Un joven desvela el misterio de quienes no quieren estudiar. Es más fácil ir que no ir, porque de negarse, pueden terminar sumidos en escenas kafkianas. Si la criatura no quiere ir a clases, le mandan un profesor. Si sigue empeñada en no estudiar, otro; persiste, el director, consternado, va a ver qué sucede; más tarde llega trabajo social, hablan con los padres y buscan el mal que aqueja al retoño. Si la obstinación continúa, llega la asistencia psicológica. En fin, que sale más barato ponerse el uniforme, enrollarse la pañoletita que usan estilo boy escout y tirar para el colegio en fresca camisa blanca y chorcito.

 

 

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Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.