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¿Por qué conjugan mal estos verbos?

A continuación hay una lista de verbos que identifico que conjuga de manera anómala mucha gente, independientemente de su estrato social. Hablo del caso de México, concretamente del altiplano del país, pero me parece que el fenómeno se extiende a diferentes zonas y seguramente alcanza a otros países hispanohablantes. Sólo aventuro algunas posibles causas y tal vez no haya una solución, porque parece que en estos casos el uso se impone a la norma.

A) negociar, financiar, diferenciar, evidenciar

Moreno de Alba, en Minucias del  lenguaje, explica al respecto que la gente tiende a romper el diptongo en primera, segunda y tercera personas del presente de indicativo y subjuntivo, así como en la tercera de plural y en la voz imperativa, pese a que son pocos los verbos que sí lo requieren, como enviar – envío, vaciar – vacío, fiar – fío, entre otros. Así, suele decirse

“*Negocía una salida para evitar más problemas”; “¿Quién te *financía?” o  “no *diferencían una cosa de otra”, en lugar de conservar el diptongo y mantener la palabra grave o llana: negocia, financia, diferencio, etc.

Hay una hipótesis para los que forman sustantivo: la conjugación en primera persona suena igual que el sustantivo: “en este negocio yo no negocio con rateros”. “No hay ninguna diferencia si María diferencia o no”, “tenemos una evidencia, pero  eso no evidencia nada”. Tal vez la gente siente la necesidad de diferenciar entre la cosa (sustantivo) y el verbo; una especie de intuición lingüística, claro, sin conciencia de la misma.

B) Cocer, forzar y soldar

En la cotidianidad ambos son de uso frecuente, especialmente el primero. Son irregulares y se conjugan como colar o jugar. La gente los regulariza en primera, segunda y tercera persona de singular y tercera de plural del presente de indicativo y subjuntivo, así como en la voz imperativa. Curiosamente, por razones particularmente albureras, en México cualquiera evitaría decir “*Cola bien el jugo” por “Cuela bien el jugo”, o “no me lo *cole”, en lugar de “no me lo cuele”.  Pero abandonan el modelo al conjugar estos tres verbos.

La explicación para el primer verbo se encuentra tal vez en la homofonía con coser, que es regular, pero que significa unir tela con hilo y aguja. No obstante, al usar la expresión “En todos lados se cuecen habas” los hablantes mantienen la conjugación irregular. Y la olvidan inmediatamente para decir “*cose bien los garbanzos” en lugar de “cuece bien…”.

Para el caso de soldar, si bien es de uso menos frecuente, lo hallamos todos los días en muchas zonas urbanas de México, entre los “maestros” mecánicos, herreros, plomeros y demás practicantes de oficios en los que haya que unir dos piezas de metal con calor. Nuevamente parece haber una necesidad de diferenciar entre el verbo y la cosa. “En mi trabajo sueldo todos los días” debe de sonar “chistoso” o “raro” para la mayoría de los hablantes por la homofonía entre sueldo (salario) y (yo) sueldo. Prefieren “En mi trabajo *soldo todos los días”. Y parece que la alta frecuencia de este uso desplazará a la forma irregular, que es la que registra la norma, todavía.

Con forzar aplica el mismo razonamiento que en A): parece que les suena raro no oír o “sentir” diferencia entre el sustantivo y el verbo: “hazlo con más fuerza” y “fuerza a Juan a que te ayude”, por lo cual en este último caso usan “*forza a Juan…” en la voz imperativa.

C) Traducir, reducir y deducir.

Hay un uso anómalo en la primera, segunda y tercera personas de singular y tercera de plural del pretérito de indicativo y subjuntivo. En lugar de traduje, tradujera, redujiste, etc., la gente suele decir *traducí, *traduciera, *reduciste.  Parece que hay una asimilación con verbos terminados en CER del grupo zc como nacer, merecer, parecer, crecer, etc., por la coincidencia que tienen en presente de subjuntivo: nacer-nazca; reducir-reduzca, pero cuyo pasado de subjuntivo difiere. Por ejemplo: creciera – dedujera o  tradujera  y no *deduciera, *traduciera.

D) Satisfacer

Probablemente la satisfacción no está tan presente en la vida de la gente, ni como una cosa otorgada o recibida, por lo que hay titubeo o yerro en la conjugación, la cual debe ser como hacer, de donde deriva: satisfago, satisfice, satisfaré, satisficiera, satisfaría y el participio, satisfecho.

Muchas personas dicen “No me *satisfació” en lugar de satisfizo. Nuevamente, se sigue un modelo de conjugación que no corresponde, en este caso, el modelo de verbos terminados en CER del subgrupo zc, como en el caso anterior: *satisfació, *satisfacerá, *satisfaciera, y aun he escuchado “no la *satisfazco con nada” y *satisfacido. Hay anomalía en casi todo el modelo de conjugación, salvo cuando coinciden el verbo hacer con el modelo que erróneamente se sigue, como en el copretérito: nacía – hacía – satisfacía.

E) Vaciar, variar, copiar y rociar

Hay una fuerte tendencia a llevar estos verbos al modelo de los que terminan en EAR, como voltear, marear, crear, etc., en presente e imperativo. Muchos neologismos se forman con esta última terminación (pixelear, escanear, formatear, etc.), y tal vez influya su frecuencia en la conjugación anómala como en “*copéalo rápido” por cópialo, “*vacéalo todo de una vez” por vacíalo y “*rocea las plantas” por rocía, y así, cantidad de cosas *varean y no varían.

F) Venir

Muchos hablantes rehúyen seguir la i temática del pretérito de este verbo en la segunda persona del singular y la primera del plural. Creo que hay una sensación de caer en un error que los ridiculice y los haga sonar como gente de bajo estrato social si dicen “ayer no viniste” o “vinimos más tarde”, por lo que prefieren “*veniste” y “*venimos”. He escuchado que dicen que mantener la primera i sería como decir “sí, *siñor” o “no *ricibí nada”, pronunciaciones que serían características de un “indito ignorante” (sic!). Así, pasaría a ser una i cargada de discriminación (por cierto, otra palabra con muchas íes) y, por lo tanto, que hay que evitar.

G) Latir

Latir, en uso coloquial, es sinónimo de gustar. “¿Te late el pulque?” En pospretérito o condicional, la conjugación para el uso coloquial troca una e por la i temática y da por resultado “¿te *latería salir esta noche?” en lugar de “te latiría…”. Probablemente mantener esa i tenga que ver con el caso anterior de venir.

La lengua del imperio se impone

noviembre 30, 2013 Deja un comentario

Los sobrenombres están cambiando, así como las frases publicitarias y los nombres de las marcas. Hubo un tiempo, por allá de los setentas y ochentas, en que, casi por decreto, cosa extranjera que entraba al país, debía ser  traducida o su promoción debía hacerse, lo más posible, en español. Así, las canciones de los discos de acetato y casetes se imprimían en  inglés y español; las frases publicitarias y muchas marcas se vertían al mismo idioma. Había un sentido de preservación de identidad, en el que se aceptaba lo extranjero dentro de un marco de identidad o nacionalismo no chauvinista, quizás, pero sí que marcaba una cierta distancia para no aceptar sin más la introducción de una visión unívoca de la vida a través del consumo de productos culturales y de uso cotidiano.

 

En esta reflexión no hay una resistencia castiza conservadora que rechace lo extranjero por el sólo hecho de serlo. La sociolingüística advierte que una lengua viva cambia, recibe influencias de voces de otras lenguas por necesidad, adaptación y aun por imposición, mismas que obedecen a diferentes factores, por ejemplo, que la lengua receptora carezca de recursos lingüísticos que describan cabalmente una idea o un fenómeno que una voz extranjera sí lo haga de manera satisfactoria y práctica. Sería terco y se caería en una afectación un tanto ridícula emitir una frase como “Bienvenido al sistema operativo de Ventanas de Microblando”. En cambio, entran al idioma voces como software, escaneo, fax, ruteador, chip, tarjeta madre y muchas otras relacionadas con el ambiente de la computación. No obstante, se cuelan barbarismos como librería (library) por biblioteca o repertorio; o embebido (embedded) por incrustado o integrado, entre muchos otros ejemplos.

 

Pero hoy día, en los albores del siglo XXI, las cosas nos llegan sin el menor tamiz, directamente, sin un asomo de intento por expresarlo en español, cuando sería naturalmente posible, como en algún tiempo lo fue. Una publicidad de hace ya varios años ponía sobre aviso, con un sonsonete, que “ahora el jabón Escudo se llama Safeguard”; lo mismo pasó con las populares pastillitas sin centro llamadas durante mucho tiempo Salvavidas, que ahora vienen etiquetadas como Life Savers. Y así se llamaban desde un inicio en su país de origen, pero en el tiempo en el que fueron introducidas al país se les buscó un nombre acorde, creo, con la idiosincrasia nacional. Lo mismo está pasando con las frases publicitarias de la industria automotriz: Antes era “todo mundo quiere un Nissan”, ahora, “Nissan (ahora con el acento en la i): shift the future”; “Ford, nacidos fuertes”, ha pasado a ser “Ford: go further”; La Cadillac se anuncia como “beyond luxury”. Otro ejemplo es el de los zapatos de origen español Camper. Su publicidad para unos modelos que anuncia en revistas actuales dice: “Why upholster a shoe? Why not?”. Es una marca global y muy próxima a Inglaterra en sus orígenes, de acuerdo, pero bien podría valerse de un idioma que es el tercero en número de hablantes en el mundo para dar a conocer sus productos en países hispanohablantes.

 

Es un hecho que el inglés es la lingua franca de nuestros tiempos y desde hace al menos medio siglo. La premisa publicitaria debe de ser que si se quiere llegar al mayor número de compradores posible, debe promocionarse en la lengua de uso internacional. Es algo comprensible, pero lo que extraña es que antes no era así, y eso, me parece, no impactaba negativamente en las ventas, porque son marcas que siguen vigentes en el mercado.

 

Empecé hablando de los sobrenombres. Es tradición abreviar o modificar algunos nombres en español para darles un sesgo de afecto. A las mujeres llamadas Angélica, Ángela o Ángeles, solíamos decirles de cariño Gela. Hoy, les llaman /anyi/; A los Robertos les decíamos Beto, hoy son /róber/; para los Gerardos no teníamos sobrenombre ampliamente aceptado, pero hoy son /yerri/; Sergio era Checo, pero ahora prefieren /serch/, /seryi/ y hasta una variante como /seryei/, que suena más rusa que nada. Los Ricardos tampoco tenían un sobrenombre definido, pero han pasado a ser /ríchar/. En el colmo de la inclinación de cerviz ante el imperio, a las Rosas y Rosarios, que antes eran Chayo o Chayito, estas últimas, es común decirles /rouse/, con una /r/ retrofleja característica del inglés y una /o/ que se ahoga para darle forma de una /ou/. Se dice que el imperio estadounidense está en declive, pero mientras cae, su lengua sigue marcando su impronta en todo el orbe.

 

Termino esta resumida revisión al impacto sociolingüístico de voces extranjeras con ejemplos de enunciación de iniciales. LG es una marca de electrónicos coreana. En México hay que decir /elyí/ porque si decimos /elegé/ lo miran a uno raro y feo, como que no sabe uno nada de nada. Al sistema inalámbrico de conexión se le debe decir /uái fái/, porque decir /ui fi/ suena a que no tiene uno idea de lo que está diciendo. Similar pasa con la afamada serie de televisión CSI (Crime Scene Investigation). Decir que no ha visto uno ni un episodio de /ce ese i/ se presta a que el interlocutor confirme el porqué, porque para empezar la serie se llama /ci es ai/, dirá.

 

Las tendencias lingüísticas son complejas y obedecen, como he dicho antes, a diferentes factores, muchos de ellos necesarios y otros de ellos  caprichosos, pero al fin, son tendencias, y como tales, dan la pauta en el grueso de la población. Es probable que lo que hoy salta como un defecto, con el tiempo sea norma y termine “embebido en la lengua”.

 

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Español de suadero

Para un mexicano, salpicar el habla con uno que otro coño, de cuando en cuando,  pues pasa. Pero de un tiempo para acá, yo creo que la influencia de novelas traducidas, el auge español en economía, deportes, cine, etc., la relativa facilidad para cruzar el charco y la creciente oleada de hispanos que vienen a la reconquista de México ahora que se les cae el techo de la casa, entre otros factores, han puesto en boca y tecleo de cantidad de gente unos españolismos “de puta madre” que, desde mi personal punto de vista, suenan más afectados que la economía actual. Y no se trata de purismos, pero poner giros forzados en un idiolecto ya hecho, quizás cabe cuando se hace con cierta gracia o pertinentemente, pero como yo los he leído y oído, suenan a sumisión ante el resplandor de lo diferente (sea lo que sea que esto signifique).

Arengan a alguien en el facebook con un “venga, Torrijos, ánimo”. Claro, sin las comas vocativas ni acentos ni nada. Ya no preguntan de qué se trata algo, sino “¿de qué va?”. De cuando en cuando mandan “a tomar por culo” a alguien (¿vaciarse una botella por el culo?). En una  entrevista de radio, un funcionario no paraba de “joder” como interjección ante lo que le inquiría la periodista. Le quedaba tan mal, que la entrevistadora le decía “¿joder? ¿Eso lo que tiene como respuesta?” Y el otro todavía insistía en que sí con su tono cantadito de diputado plurinominal chilango. Trocar la s por la v en la despedida para que quede “vale”, igual gana terreno. Pero “vale, vale” dicho con un airecito a jamón serrano, suena como taco de pizza o tostada de pozole; queda re mal, re pateante y re mamón.

Mexpaña

Los veintitantos países que hablamos este idioma tenemos, ergo, ene número de localismos y modismos y moditos y todo para comunicarnos. Y siendo tan grande la familia, lógico es que de pronto, sin querer, traigamos el calcetín del hermano o “las braguitas” (anda, que ya estoy baturreando, joder) de una prima. Pero quererse poner todo el ajuar (outfit, como quieren decir ahora las juventudes) del otro en el habla, aunque sea con calzador, fácilmente llega a unos niveles de afectación y ridiculez evidentes.

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Ya no hay moras

De un tiempo a acá mucha gente se empeña en llamar blueberry a las simples moras. En tiendas grandes de presunto postín y en mercaditos modestos, da igual, la gente les dice blueberry (blueberries, en plural). Pero curiosamente, no le dicen blackberry a una zarzamora. A ésta le siguen llamando igual, zarzamora. Ya entrados en anglicar (¿existe? Si no, aquí me sirve el verbo), estos frutos tan fonéticamente cercanos podrían usarse ya de plano como blue y blackberry. Pero no. No extrañaría que la frutera o frutero, hiciera muecas de extrañeza al marchante que le pidiera medio kilo de blackberries, diciéndole que ahí no es tienda de teléfonos celulares o electrónicos como para despacharle “medio de Blackberries” (con mayúscula y R encerrada en circulito incluida).

En la familia de las berries, De milagro los arándanos se siguen llamando así. Como que se pusieron de moda por estos lares pero no tanto como para agringarlos. Tal vez por desconocimiento del nombre de los arándanos en inglés o por no confundir con el nombre de la banda noventera The Cranberries, la gente no les dice así. En los ochenta, cuando todo lo que entraba a este país se traducía rigurosamente al español por política estatal, no dudo que algunas portadas de discos de esta banda habrían ostentado: Los arándanos sobre las cabezas irlandesas de estos muchachos.

 

Como sea, muchos anglicismos son muy prácticos, pero otros de plano nada que ver.

Ernesto de la Peña (1927-2012)

septiembre 11, 2012 Deja un comentario

Cuando escuchaba las cápsulas Testimono y celebración en la estación Opus 94 (94.5 FM), a veces no sabía de qué opera (ni sé nada de ópera) o de qué personaje estaba hablando el Ernesto,  pero escuchar su uso de la lengua dejaba mucha reflexión. Cuando abordaba temas literarios o religiosos lo hacía con un conocimiento evidente y casi que hasta desbordado. Escuchar la entrada de la cápsula era aviso de que en los siguientes  3 o 4 minutos iba uno a regalarse un aperitivo muy sabroso.

Cuando supe que hablaba como 30 lenguas o que hablaba 18 pero entendía 30, me apreció que el viejito era todo un misterio. Un día me encontré en un tianguis Las estratagemas de Dios. Ya sabía que en cada cuentito, en cada frase, había una erudición tal que había que irse con cuidado. Efectivamente, no era muy  conocido ni muy prolijo en su escritura, pero  a lo mejor aplica la trillada frase: de lo bueno poco.

Siempre pensé que era una lástima que alguien tan lleno de letras no siguiera en la pantalla. Sopa de letras duró muy poquito. Me causaba cierta desilusión ver que proponía jugar a los asistentes y algunos como que no llevaban mucha chispa al estudio de grabación y al final lo dejaban a él hacer el show. Yo no sé cómo este señor tan vasto no estuvo nunca siquiera como invitado ocasional en La dichosa palabra.  Suena chafa decirlo, pero la verdad era un deleite escucharlo.

Fallece Ernesto de la Peña   http://www.jornada.unam.mx/2012/09/11/politica/002n1pol

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Modelo de competencias

Desde hace algunos años la gente involucrada en el ambiente educativo trae de un  lado para otro la palabra competencias. Con esta palabra entienden lo primero que normalmente se entiende en español: competir; pero, especialmente, hacerlo confrontando al otro para ganar, dejarlo atrás en la lucha por salir adelante en un sentido individualista. Los programas educativos están poniendo énfasis en la “enseñanza por competencias”; sin hacerle mucho caso en este momento a la mala sintaxis y peor traducción, se refiere a enseñar a partir del desarrollo de habilidades, capacidades o aptitudes de los estudiantes, sea lo que sea que eso signifique, finalmente. La gente se enerva y se opone a que se enseñe a partir de “competencias”, porque no quiere que los jóvenes crezcan desarrollando una especie de voracidad depredadora individualista que tenga como principio aplastar al otro con tal de conseguir objetivos personales.

La RAE incluye en su segunda definición de este término “pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”. En el artículo hay una nota que advierte que éste ha sido enmendado. No sé si la enmienda sea justamente que están agregando pericia, aptitud, etc, como parte de la definición del término.

Recientemente en un documental sobre  educación en México, De panzaso, un jovencito entrevistado decía con cierto ímpetu, con un aire de estar perfectamente enterado y convencido de lo que decía, que la educación por competencias debería impulsarse más aún, “para hacer que todos tengamos el reto de superarnos, de ser mejores que los demás”. Señalaba frunciendo el seño a compañeros imaginarios a quienes quería superar compitiendo contra ellos a fin de sacar las mejores calificaciones.

Ha habido diferentes protestas por parte de padres y profesores inconformes que han acabado en mobilizaciones, cierre de escuelas, marchas, etc., en las que parte de la demanda es la oposición al modelo de competencias porque no quieren que sus hijos aprendan compitiendo, arguyen, siguiendo un modelo capitalista depredador.

Nadie se ha detenido a desenredar esta mala o imprecisa traducción de una palabra que sí viene del latín y es parte del bagaje léxico del español, pero ha pasado por el colador del inglés, de donde se ha tomado tal cual. La gente se convence todavía más de que quieren hacer competir a sus hijos cuando en el auge de este término llega la prueba internacional PISA para saber cómo andan los estudiantes mexicanos en relación con los de otros países de la OCDE. La primera reacción: ¿Ven? Huele a competencia o competición o puja por ver quién es el mejor.

Y toda esta historia por calcar una palabra de otra lengua sin detenerse un momento a ver que hay otros términos menos ambiguos y de fácil comprensión como habilidades o aptitudes.

El día E en México

El día E en México

Este 18 de junio es el día E, el día de lengua española. Este festejo comenzó en 2009 impulsado por el Instituto Cervantes, el cual cuenta con 78 centros distribuidos en el mundo. Según se ve en la página eldiae.es, han estado celebrando en Londres, Túnez, Argelia, Australia, la misma España, obvio, y en muchos lugares más de Europa y Asia. En la prensa mexicana hay mucha sangre, muchos chisme de candidatos y candidotes,  mucho desmadre y sólo uno que otro periódico comenta sobre Querétaro, la ganadora en el concurso propuesto por el Cervantes para elegir “la palabra más bella” del idioma.

Me da la impresión de que este día se relaciona mucho con España y con el Cervantes. Acá en el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM, el lugar, digamos,  más académico y prominente para enseñar español a extranjeros, hasta donde sé, no hizo nada, o al menos nada relevante para celebrar este día. El gobierno del DF, tan afecto a España, parece que tampoco. Es decir, el país con más hispanohablantes en el mundo no festeja su lengua cuando en “todo el mundo” por ella están de fiesta.

Hay quienes se preguntan si realmente necesitamos un día E. Pues en México, y no dudo de que en otras muchas partes de la América que habla español, parece que la respuesta es no o una encogida de hombros.

Es curioso que una palabra que ni es española, sino purépecha u otomí, haya ganado. Ojalá con eso gane algo Querétaro y ganemos todos un poco en este país asolado por las incapacidades de unos, las supercapacidades de otros y la indiferencia de muchos. Allá  afuera ven muy mal a México: que no vengan, que llueve bala, que el narco, que las mafias, que caen cabezas.

Una palabra que no es española gana el concurso de la palabra española más bonita y pertenece a un país muy apreciado internacionalmente, pero, actualmente, el que es tachado como el más violento del mundo… o casi.

Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

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