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Archive for 27 agosto 2013

Ya no hay cuentitos

Cuando era niño tenía una fuerte afición a los cuentitos, que por entonces no les decíamos comics, o al menos no en un nivel popular. Cada sábado o lunes iba al puesto de revistas por dos o tres, para los que me alcanzara: Capulinita, Archie, Memín, Pequeña Lulú, Tom y Jerry, Fantomas, Pájaro Loco, El hombre Araña, Supermán, Batman y muchos más. Unos años después, Simón Simonazo, Super Chiss y Video Risa. Tenía cajones de cuentitos.

Desde hace tiempo vengo notando que ya no hay cuentitos para niños en los puestos de revistas. Hay revistas que son,  a mí me parece, agresivas extensiones de la televisión. Hay lo que  me parece que es una línea Club Disney que aborda diferentes personajes pero todos de actualidad en programas de la tele y creo que especialmente tele por cable. Hay otras de Cartoon Networks, de Barbie y de programas como Discovery y una o dos más de farándula pre adolescente. Un cuentito lo podíamos comprar los niños. Costaba menos o casi lo que costaba una Chaparrita o un Boing. Estas revistas cuestan casi lo que cuesta hoy una comida corrida de medio pelo. Claro que hay comics, pero no están al alcance de un niño promedio que los pueda comprar con lo que se compraría un refresco.

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Algunos personajes de los cuentitos, efectivamente también salían en la tele. Pero no lo restregaban en la revista a cada momento. Los cuentitos sí tenían comerciales, pero eran uno o dos en medio y al final. Anunciaban una paleta, unos zapatos o unos cursos para aprender algo. Las revistas que hay hoy destinadas a los niños son un fajo de hojas, poquitas, de papel cuché súper contaminante y multicoloreado que apunta a los bolsillos de los niños y sus padres con comerciales tras comerciales. Usan el mismo lenguaje trendy-cool-guau (wow)-super de los conductores de programas infantiles onda Disney.

No son cuentitos en papel barato sin más pretensión que ofrecer una historia, son catálogos de productos con alguna información que puede ser más o menos interesante para algunos niños.  Mantienen el formato de la tele en todo lo posible. No dudo que haya excepciones, porque no he revisado cada una de esas revistas, pero muchas de las que hay en los puestos son así.

No comulgo con la idea de que los tiempos pasados fueron mejores. Los tiempos son lo que son, es simplemente que hoy, parado frente a un puesto de revistas, y de los muy surtidos de Reforma, Insurgentes y otras partes del centro, no veo un cuentito que pueda comprarle a una criatura de 7 años. Ya no hay editoriales locales haciendo cuentitos, todo son grandes cadenas como la misma Televisa haciendo de editorial. Parte de la respuesta a esta extinción está aquí: http://www.bauldelcomic.com/comentarios_news.php?num=7

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¿Coincidencias?

a) Nos vamos al cine, olvido el fon, me regreso y digo, sí, voy por él, por si acaso.

b) El acaso llegó: me llama Daniel a los pocos minutos para decirme que qué hacía; le dije que de camino al cine. Justo él salía de ahí y para la peli que íbamos a ver, estaban agotadas las entradas. Me ahorró la vueltota de ir a perder el tiempo y frustarme.

c) 5:36 de la mañana, me levanto del sillón para ir a la cama. Patrullas y grúas afuera. Me pongo la piyama, musito una cancioncita, me acuesto, pasan unos minutos  y de repente me cae el veinte. Se están llevando los coches. Salgo vuelto madres y justo a unos centímetros de que lo enganche la grúa, me atravieso y logro salvarlo del corralón.

¿Por qué me regresé por el fon pudiendo dejarlo si de todos modos íbamos mi esposa y yo al cine y no esperaba llamada de nadie?

¿Por qué me llamó el Daniel justo desde la zona de la Cineteca y justo quería ver la misma peli que yo? Él me llamó para preguntarme algo sobre su coche y que qué estaba yo haciendo. Pude contestar cualquier cosa, que estaba fuera de casa, con la esposa, haciéndome wey, pero no, le dije que iba de camino al cine a ver tal peli.

¿Por qué me desperté justo a las 5:36? Había tomado varias cervezas, pude no despertarme sino hasta las 5:45 o 5:50 que ya se habían ido patrullas y grúas, o antes y haber agarrado sueño pesado y no despertar sino hasta las 9 o 10 del domingo.

¿Coincidencias, el azar, predisposiciones, las cosas así tenían que ser?

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La tele abierta y la de cable

Muchas personas afirman con aire de distinción que ya no ven tele abierta. Abierta es un adjetivo cómodo pero completamente inadecuado en este caso, una contradicción aplicado a algo que prácticamente sólo tiene dos caras, una mala y la otra peor. Decir tele abierta es televisa y teve azteca, más el 22, el 11 y casi que ahí se acaba la oferta. Parece que con las nuevas televisiones HD se captan sin problema algunos canales de paga o de la banda digital. Por la mal llamada tele abierta pasa toda la cantidad de adormecimiento, mentiras, lavado de coco y el grueso del adoctrinamiento que las televisoras inyectan por medio de noticieros, programas de llamados debate, opinión, lectores de teleprompter, etc. Aparentemente, por la tele abierta se dan vuelo con la difusión de la idea de belleza, salud, estilo de vida, conductas, valores, aprecios y desprecios y todo lo que contribuya a sentirnos mal con lo que tenemos, a ser más y más aspiracionistas, consumistas, indiferentes, individualistas y recelosos de lo diferente, de lo que no se ajusta al modelo “Disney-telenovela-fut-McDonald’s-cristianismo-patrioterismo”.  En una sobredosis que recientemente me di de tele por cable, vi la misma receta prescrita desde una tele a veces doblada al español con contenidos totalmente alineados a lo que acabo de decir sobre la tele abierta. En la abierta es Juan Pérez, galán de barrio, quien impone el machismo que considera que hace falta, o Juana Pérez la que dice lo que es ser mujer. En los programas gringos de tele por cable cambian los nombres y un poco los contextos, pero al esencia es la misma, más una dosis de patrioterismo cerril y la celebración de lo soso o del individuo que pisa a todos con tal de plantar la bandera del yo ante todo en la cima de todo.

tele

De la tele he sacado cosas buenas. Recientemente viajé a la Baja California a partir de lo que vi en un programa de la tele. Decía el viajero del programa que alguna vez en la vida había que ir a Bahía de los Ángeles. Y fui a partir de su recomendación. Lo agradezco, porque el lugar es realmente uno que vale la pena visitar. Enclavado en la sierra desértica de esa parte del país, es un poblado con una bahía de intensos tonos azules, mar tranquilo y cielo estrellado hipnotizante; no hay nada y hay todo al mismo tiempo, dependiendo de dónde se mire. Como ese ejemplo hay más, y llegamos al lugar  común de que la pistola no es ni buena n ni mala; lo es quien la usa y para lo que la usa. La tele, abierta o por cable, es ubicua y reina de donde se coloca. Usualmente embelesa y hace pensar que hay una tele mejor que otra. A lo mejor es como el cigarro, que con filtro, sin él, ligero o puro, al final invade y hace lo que se le antoja en el interior de uno. A lo mejor para ver la tele sin que ella lo vea a uno, o se la vea a uno, habrá que apagarla para volver a ella con otros ojos y otra disposición.

Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

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