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Archive for the ‘salud’ Category

Artículo 26 de la Ley de Cultura Cívica

Salen la señora, señorita o el hombre a pasear al perro. Un perrito arreglado, limpio, de raza, mimado y chiquito, de compañía, de ésos que caben bien en el regazo. El dueño o dueña es muy similar al perrito. Van por la calle. Al animalito le anda del cuerpo, hace su necesidad y el dueño procede a 1) arremangarse la nariz; 2) sacar una bolsita que llevaba para la ocasión; 3) agacharse a recoger del piso la mierda. Luego, perro, dueño y bolsita con caca siguen juntos su camino.

Es una escena poco frecuente en otras partes de la ciudad, donde hay igual o mayor número de perros y dueños, pero hay menos bolsitas y menos disposición de parte del dueño a genuflexionarse ante la caca a fin de cumplir una obligación cívica, sancionado su incumplimiento con 11 a 20 días de salario mínimo o 13 a 24 hrs de arresto, en el artículo 26 sección 1 de la Ley de Cultura Cívica vigente en la ciudad de México.

Tal vez esta práctica y modo de desaparecer de las banquetas las heces del perrito, perro o perrote, contribuya a explicar por qué especialmente en el poniente de la ciudad es más frecuente que la gente enderece más y mucho más la nariz que en los otros tres puntos cardinales del DF. Es aquí donde las narices buscan más la altura y las cejas se arquean simultáneamente buscando despegar al dueño del suelo y marcar distancia de todo. Es comprensible en una población que está en íntimo y constante contacto con la mierda. Que puede ser la del perro, la propia o alguna otra proveniente de otras fuentes.

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Tragar trigo

trigoEsta mañana descubrí algo así como el agua tibia. Vi que es ridículamente fácil comer trigo entero sin procesos industrializados (salvo el obviamente implicado en obtener el grano). Uno de los granos más ricos en sabor y contenido es el trigo. Es muy sabido que tiene un sinnúmero de propiedades. Si se pone uno a guglear halla que contiene potasio, magnesio, hierro y zinc; rico en complejo B y es auxiliar en el buen funcionamiento del sistema nervioso, digestivo, neuronal, en el mantenimiento de la piel, sube lo que tiene que subir y baja lo que conviene que baje en el organismo y ene cosas más bien sabidas desde hace lo menos unos cincuenta mil años o así.  Una vez le conté a una amistad mexicatiahui que por ahí había leído que el maíz es uno de los granos menos ricos en aportes nutritivos comparado con el trigo, por ejemplo. Él se prendió y soltó el rollo conspiracionista anti europeo y que esta gente busca imponer su trigo blanco frente a “nuestro ancestral maíz indio, superior entre los superiores, raíz y sustento de nuestra identidad de raza de bronce a través de la cual hablará el espir…”, bla, bla, bla.

En la última década la onda integral, naturista, orgánica y similares es un gran negocio, incluida la ingesta de agua (sic). Mucha gente se afana en hallar productos integrales. Las grandes industrias alimentarias lo saben y a cualquier harina medianamente menos blanca que la refinada le llaman “integral”, “orgánica”, etc. enriquecida con cuantas vitaminas puede haber, como si más vitaminas fueran garantía de algo. Estamos tan imbuidos en una vida de empaques sobre empaques, conservadores que conservan al producto pero a quienes los consumimos nos desconservan, sustancias impronunciables en las etiquetas, prisas y estrés que nos hacen comer rápido y mal, que algo tan simple como un grano, hace recordar lo idiotas que somos y estamos.

Está a 9 pesos el kilo, promedio. Comerlo es tan simple como coger dos puños, echarlos a remojar en agua, olvidarse de ellos dos días, volver, escurrir y listo. Suavecito, masticable y de un sabor discreto y agradable; puede que ya presente un puntito de incipiente germinación. Es un regalo, porque en la germinación están en potencia múltiples nutrientes y aportes como los antes mencionados.

Al ver, tocar y masticar este grano, cuyo proceso fue tan simple como remojarlo, me hace pensar no en un niño, sino en un idiota al que se engaña con pasmosa facilidad. Las grandes industrias venden lo integral, lo orgánico, lo puro, lo enriquecido y tantas tomadas de pelo más, como la única alternativa que tenemos para acercarnos aunque sea un poco a la salud ideal que sus mismas industrias venden con espigados modelos esbeltos blancos caucásicos dolicocéfalos. ¡Y no! el grano está ahí, en cualquier mercado de barrio, ¡a nueve miserables pesos el kilo!

Yo hice esto: Ya remojado, lo metí a la picadora (licuadora da igual), agregué ajo, cebolla, una zanahoria y cilantro a placer y una pizca de sal. Molí, saqué, agregué un huevo, un poco de pan molido, batí e hice croquetas fritas en aceite bullente y listo. Reservé un poquito del trigo blando para acompañar las croquetas con ensalada de espinacas, jitomate y granitos de trigo  salpicados. Agreguen aceite de oliva y vinagre o lo que les plazca.

Sugiero no comprarlo en el súper. En cualquier mercado lo venden, junto a las semillas de girasol, que la gente compra nada más para dárselas a su perico, sin saber que los niveles de pectina que contiene ayudan a eliminar la cantidades de plomo que tenemos quienes vivimos en esta mugrosa ciudad.

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Oaxaca, por la Glorieta de Insurgentes

La calle Oaxaca es parte del corredor Roma-Condesa. Es una zona turística y de las más emblemáticas del DF. Esta calle, entre la Glorieta de Insurgentes y Puebla, en su acera oriente, recibe los desechos líquidos y grasos de los vendedores de las inmediaciones de la glorieta. Además, todo el tiempo hay azolve en el arroyo, algunos escombros sobre la banqueta y el tramo entre los vendedores y la coladera más cercana es una plasta fétida que afecta la circulación, el ambiente y la calidad de vida de quienes habitan en los alrededores. Urge atender este tramo de Oaxaca, Puebla y demás calles que forman el perímetro de la glorieta.

Llama la atención que el tramo de Oaxaca referido esté tan descuidado, pues es zona de maniobras de grúas y, a veces, del metrobús. No es raro que algunos trabajadores tomen su refrigerio sentados en la banqueta, frente al azolve y el agua sucia encharcada.

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10 maneras de alcalinizar tu cuerpo

Michelle Schoffro Cook

La acidificación se relaciona con el dolor, el sobrepeso y muchos otros problemas de salud (incluido el cáncer o la predisposición a él). Alcalinizar el cuerpo (lo contrario a la acidificación), afortunadamente, es sencillo. Aquí están diez sencillas maneras de alcalinizar tu cuerpo para tener más energía y vitalidad.

1. Comienza el día con un buen vaso de agua y agrégale el jugo  de un limón. Los limones, claro, son ácidos, pero  tienen  el efecto contrario (alcalinizan) en tu cuerpo conforme son metabolizados.

2. Come ensaladas con limón  y aceite de oliva. Las verduras son las mejores fuentes de minerales alcalinos, como el calcio.

3. Botanea almendras naturales sin sal. Las almendras contienen minerales alcalinos naturales  como el calcio y el magnesio, los cuales ayudan a eliminar el exceso de ácidos en el cuerpo al mismo tiempo que nivelan el azúcar en la sangre.

4. Toma leche de almendra o licuados de fresa  y agrégales polvo verde como espirulina, algas o alguna otra verdura similar. Toma leche de almendras en lugar de leche de vaca, pues ésta facilita la formación de ácidos en el cuerpo.

5 . Camina o haz algún tipo de ejercicio. La actividad física ayuda a mover los residuos de los ácidos que ingerimos y así el cuerpo los puede eliminar con mayor  facilidad.

¿Cuántos vasos de agua necesitas tomar para neutralizar un vaso de refresco? Sigue leyendo para saberlo…

6. Respira profundamente. De preferencia hazlo donde haya aire fresco. Pero no pongas un Glade o un atomizador semejante para tener  “aire fresco”; de hecho evita las partículas que emiten esos productos.

7. Descansa de la carne aunque sea un día… o más, si puedes. Al ser metabolizada, la carne deja residuos de ácidos en el cuerpo.

8. Evita los glaseados y los refrescos. El azúcar es uno de los productos más ácidos que consumimos. Necesitas más de 30 vasos de agua simple tan solo para neutralizar los efectos de la acidificación causada por un refresco de lata.

9. Consume más vegetales. Las papas no cuentan. Bueno, tubérculos como el camote están bien (siempre y cuando no les pongas encima endulzantes o mantequilla).  Los espárragos, las calabazas, los pimientos y otras verduras son una excelente opción.

10. Ponle al germen. Acostumbra consumir gérmenes.  Son extremadamente alcalinizantes y están súper cargados de nutrientes y enzimas energéticas.

 Fuente original: http://www.care2.com/greenliving/10-ways-to-alkalize-your-body-today.html?page=1

¿Funcionan los viajes reencuentro?

Hay mucha gente por este país, especialmente en las playas, que anda viajando sola, viene del otro lado del Atlántico, con mochilas padres y chanclitas con vélcor. Otros vienen del norte o de muy al sur. Como que vienen a un punto medio a buscar su punto medio. Traen un montón de problemas y mucho bloqueador solar del más fuerte. Vienen a encontrarse, a perderse para hallarse. Algunos son citadinos locales perdidos que vienen a lo mismo. ¿Y qué pasará con los que se buscan y ya viven en los lugares a los que llegan los que se buscan? ¿Esos a dónde irán?

Cuando uno se ha perdido o realmente nunca se ha encontrado, sale a buscarse. Los monjes orientales más bien recomiendan recogerse y hundirse en uno mismo. Más barato, menos divertido y más difícil. Quién sabe si más efectivo. Uno está perdido cuando se pregunta, ¿estaré perdido?, ¿sí me hallo? En esos momentos hay que hacer la mochila (la maleta no, ésa es para cuando uno ya es normal) y meterse a buscar el hostal más piojo para irse a pasar una temporada cazándose  uno a sí mismo. He visto gente que usa una o dos rastitas disimuladas, sabe hacer algún malabar, huele a lenteja remojada y hace algún tipo de trabajo comunitario, solidario, alter, pro algo, en defensa de, orgánico, anti algo, under o similar. Parece que esto ayuda a encontrarse.

A este país viene mucha gente a encontrarse. Miles de kilómetros de viaje para saber de qué están hechos, para qué están en este mundo y qué van a hacer con los años que les quedan de vida. Yo he pensado que para encontrarse no hace falta ir tan lejos, pues si se trata de viajar al interior de uno mismo, basta con subirse a la azotea o recogerse en el propio aposento. Pero no es igual. En estos meses en los que he estado en relativo recogimiento, reconozco que me conozco tanto menos que antes de empezar a ponerme atención.

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Servicio de urgencias

Uno de los peores momentos en la vida de una persona es llegar mal a un hospital. Peor: llegar mal a urgencias de un hospital público de la ciudad de México (por supuesto que desgraciadamente mucha gente de otras partes del país ni siquiera puede llegar a un mal hospital). En urgencias se refleja lo mal que está y que estamos todos en una ciudad deforme, desorganizada y mal administrada. Hay que tener mucha paciencia y mucha necesidad para tragarse la grima que da ver una larga lista de carencias y contrastes. Por ejemplo, hay unas grandes pantallas delgaditas Samsung bien padres empotradas en el techo de una sala en la que faltan asientos, y varios de los que subsisten o no tienen el respaldo o les falta el asiento.

Normalmente no hay ni camillas ni sillas de ruedas disponibles para el paciente. No hay un vaso ni agua con que llenarlo. No hay papel higiénico ni servilletas ni nada para limpiarse una vomitada o sonarse la nariz o limpiarse en el baño. Mucha gente tiene que sostener su propio suero en alto con la mano que le queda libre. En algunas salas no es raro que haya un radio a buen volumen y casi es seguro que en todas hay siempre un taladrante golpeteo de máquinas de escribir. El ahorita y el ratito pueden equivaler a horas que, con el dolor que llevó a alguien a tan mal lugar, el ambiente de aire pesado, ruido de baladas nauseabundas, teclas, quejidos y penetrantes olores a chis, caca y enfermedad, pueden parecer días.

Los médicos  y las enfermeras pueden ser ángeles o pesadillas; amables o déspotas, insensibles o atentos. Los que no son ineptos, funcionarios, jefes, charros o esquiroles, no hacen un trabajo fácil; ni en las mejores condiciones ni con una remuneración equivalente a su esfuerzo.

En urgencias se reproducen las incongruencias nacionales (cortinas de lujo en la oficina del director y butacas de plástico tuneadas para fungir como sillas de ruedas); las deficiencias (no tenemos ese medicamento, vaya a comprarlo);  y las frustraciones (el paciente en una silla dura durante horas con un calmante como medicamento administrado).

Una viejita salió de una crisis de hipoglucemia. La llevaban seis personas. Eran las 2 de la madrugada y querían taxi. Les cobraban ciento cincuenta de Balbuena a pasando Santa Marta Acatitla (vivimos “de este lado”, le dicen al taxista). No quisieron. En cerca de 40 minutos pararon a 5 o 6 taxis, de los pocos que pasaban a esa hora,  y no se iban. La viejita, con unos trapos encima, despeinada, en chanclas, recién dada de alta, no se podía ir a su casa, misma en la que seguro vivían todos los acompañantes, porque entre los y las seis no podían juntar 150 pinches pesos para irse. ¿Cómo van seis persona a llevar a una viejita a urgencias al hospital y sin dinero? ¡De hecho cómo van a cualquier  lugar seis personas con una chingada viejita! –y sin dinero (después recordé que dos o tres de ellos se compraron unas tostadas y unas cocacolas mientras la viejita estaba adentro). Obviamente, sí traían, pero seguramente pensaban cosas como y yo por qué voy a poner más pal’ taxi que el huevón de mi cuñado, o la mamona de mi hermana o este pinche bolsudo de mi primo, etc., etc., etc.

Un reguetoneroque va presionando su propia camiseta ensangrentada contra el rostro, llega acompañado por la novia o hermana, quien dice a los médicos: lo acaban de picar en la cara. Y uno de ellos pregunta con sorna ¿nada más en la cara?… pásalo para allá.

Broken Penguins

Saving broken Penguins, one page at a time.

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